Crítica
Público recomendado: +16

Valiente y poderosa mirada de Cecilia Atán y Valeria Pivato hacia la maternidad y el perdón en su última película. Las directoras y guionistas de La llegada del hijo se atreven a enfrentar sin tapujos la combinación de estas dos realidades tan delicadas, a través de un drama íntimo e impactante. Las cineastas no desvelan todos los detalles de golpe, sino que van sembrando grano a grano para que el público descubra y juzgue por sí mismo.
Lo hacen poniéndonos delante a Sofía, interpretada por Maricel Álvarez, una mujer de rostro agotado y vida modesta, que cierto día recibe en casa a su hijo Alan, recién salido de prisión tras cumplir condena por un grave crimen. Este reencuentro, cargado de silencios cortantes y contención expresiva, se presenta como una oportunidad para salvar el demoledor distanciamiento sufrido desde que se cometió el delito.
Si algo caracteriza la cinta de Atán y Pivato es la delicada puesta en escena, que juega enteramente con las luces y las sombras para dotar a la narrativa visual de una importancia reveladora. Por ello, la fotografía sigue la misma línea de interiores sombríos con repentinos impactos de iluminación, alternando así la sensación de tristeza y esperanza. Por su parte, la cámara da importancia directa a los rostros de los personajes y a los objetos rutinarios, en un hogar que oscila entre la seguridad y la incertidumbre.
Las directoras de La llegada del hijo escriben con sutileza, dando fuerza a silencios, gestos y miradas, evitando la dramatización artificial. Las conversaciones, tan sobrias como escasas, encuentran espacio entre escenas de presente y pasado. Continuando el tono seco del conjunto, la música aparece sin exigir protagonismo, prefiriendo subrayar con suavidad las emociones suscitadas.
Podemos decir sin miedo que el filme se fortalece como cuestionamiento de la incomparable e inabarcable capacidad de una madre para perdonar lo que nadie más puede y reconciliar heridas aparentemente insalvables. La obra reflexiona sobre los límites reales del amor incondicional materno, lejos de ser un acto heroico edulcorado, solo posible como proceso de grises y altibajos. Si aplicamos un filtro cristiano, la obra persigue la redención tras el perdón, eso sí, lejos de la moralización o la simplificación del don. Hay un diálogo interesante entre justicia y caridad, aunque las cineastas no son complacientes en este punto, pues hablan de combate, gracia y libertad, jamás de imperativo.
En definitiva, La llegada del hijo aparece como una película valiente, visceral, incómoda y profundamente arraigada en lo humano. Es una invitación a que el espectador reflexione sobre el perdón y la maternidad, ambas realidades tan misteriosas como ardientes. Cinta honesta, de valor e intimista.
Gabriel Sales
https://www.youtube.com/watch?v=evpEZdMANO8&ab_channel=TrailersyEstrenos