La mujer más rica del mundo

Crítica

Público recomendado: +18

La donación millonaria de una nonagenaria a un joven artista desata un escándalo que lleva a su hija a destapar una presunta corrupción política en la que está implicado un expresidente.
Pero no es cualquier nonagenaría sino la dueña del imperio L’Oreal, Liliane Bettencourt, interpretada por la veterana actriz francesa Isabelle Huppert. En lenguaje trágico-cómico y satírico, se relata el escándalo que conmocionó Francia.
La película cuenta con detalle en más de dos horas y desdibujando los nombres reales un caso que podría haber ocupado los magazines del corazón y que no alcanza la tensión interpretativa deseada.
Como no tiene con el permiso de los familiares, se ha suprimido toda referencia a la marca, cambiando también nombres y situaciones ficticias para hacer sin problemas este guion escrito por el director Thierry Klifa con ayuda de Cedric Anger y Jacques Fieschi.

Isabelle Huppert interpreta bien a Marianne Farreré, la sofisticada y poderosa heredera de un imperio cosmético, una mujer férrea, solitaria, marcada por la rutina diaria de llevar sus grandes negocios. Todo cambia cuando en una sesión fotográfica para un reportaje de una revista conoce a Pierre Fantin, un vividor, adulador y provocador personaje que cala profundamente en ella y consigue sacarla de su rutina y divertirla.

Pronto comienza una amistad con este tipo narcisista y creído que dice ser artista (gran y premiada interpretación de Laurent Lafitte), sin conocer sus verdaderas intenciones, algo que levantará sospechas rápidamente por parte de la familia de que pretende evidentemente apoderarse de parte de la fortuna de Marianne.

Reflexión también sobre la realidad del multimillonario que alrededor no tiene amigos, sino aprovechados, lo que acentúa su aislamiento real, y la necesidad de superarlo.

Isabelle Huppert aporta su talento (aunque no lo despliega) al interpretar a la excéntrica millonaria, acompañada de Marina Fois, que le da una réplica muy interesante.

La ironía envuelve la historia donde la moraleja discurre sobre la idea de que el dinero no pueda solucionar todo si no tienes vida para gastarlo.

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