La sombra de mi padre

Crítica

Público recomendado: + 12

Llega a nuestras pantallas la ópera prima del realizador nigeriano Akinola Davies Jr., La sombra de mi padre,lección un film emocional que combina memoria familiar, historia política y retrato de Lagos, la ciudad más grande y populosa de Nigeria. Se trata de la primera película nigeriana que haya sido seleccionada oficialmente en el Festival de Cannes, donde estuvo nominada a mejor película en la sección Un Certain Regard y en Caméra d’Or  obtuvo la ‘Mention spéciale’(2025).

La acción transcurre en un solo día, durante la crisis electoral de 1993. Folarin, un ‘padre ausente´ debe viajar a Lagos por cuestiones de trabajo y, se lleva consigo a Akin y Remi, sus dos hijos pequeños, por fin felices de poder pasar tiempo con su padre.

El relato está estructurado como una verdadera road movie urbana en el transcurso de la cual los tres protagonistas se encuentran con todo tipo de personas. Para los niños se convierte en un viaje iniciático que les hace crecer emocionalmente. Están deslumbrados por cuanto descubren en el momento presente, al mismo tiempo que conocen sus raíces familiares y sociales; todo eso, a la sombra de la figura admirada de su padre, constituirá para ellos una enseñanza de vida para el futuro. 

La trama, inspirada en la propia vida del director, tiene mucho de retrato íntimo y autobiográfico. Pero mezcla la remembranza personal y familiar con la historia de su país, alternando escenas cotidianas y momentos íntimos en los que el padre hace confidencias a sus hijos, hablándoles como si fueran adultos. Es tierno y gracioso el relato de cómo se enamoró de su madre, que los dos pequeños escuchan con asombro. Sin embargo, la escena más conmovedora es cuando Folarin recuerda con emoción la muerte de su hermano. Es una secuencia estética y narrativamente muy bella, en la que el padre transmite a sus hijos una lección de responsabilidad y amor. Más tarde,  Akinola Davies mostrará plásticamente el fruto de las palabras del padre, en un primer plano de las manos unidas de los hermanos.

El mundo del entorno, tanto Lagos, su espacio urbano y la playa, como las personas con quienes se van encontrando, está visto a través desde de la mirada de los dos niños. De ahí que el contexto sociopolítico constituya sólo el telón de fondo de la historia. Hechos tan graves como que la Junta militar, que acaba de perder ampliamente las elecciones, se niegue a reconocer su derrota y anule los resultados de las urnas, para Akin y Remi, no representan nada junto al placer de bañarse y jugar en el mar con su padre. El vacío del ‘padre ausente’ se ha llenado por fin con un padre presente, cercano y educador.

Por encima de la historia personal, la película es una carta de amor a Lagos, en la que se entrelazan la evocación personal con el contexto político inestable del país, en una combinación entre realismo y dimensión poética y onírica.

El estilo visual es bellísimo, con imágenes evocadoras y una estética parecida a la película de 16 mm, que ambienta perfectamente la época, 1993. La magnífica interpretación de Ṣọpẹ́ Dìrísù, dando vida a Folarin, es otro de los  grandes activos de la película. Por su parte, Chibuike Marvellous Egbo y Godwin Egbo, encarnando a Remi y Akin respectivamente, están totalmente naturales y creíbles.

Un debut muy prometedor de Akinola Davies Jr. con una película visualmente muy cuidada, que mezcla con mucho acierto realismo social y dimensión simbólica.

Mariángeles Almacellas

https://www.youtube.com/watch?v=o2zW0er5RJQ

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