Lo que aprendí de mi pingüino

Crítica

Público recomendado: +7

El cine nos recuerda que, si nos descuidamos, la vida puede volvernos indiferentes al prójimo. A veces las circunstancias más incomprensibles o duras, como la enfermedad o la muerte, pueden trastocar nuestra fe en nosotros mismos, en los demás o en Dios. Y, entonces, brota una actitud de despreocupación que, poco a poco, nos va anestesiando; donde quizás se oculte un llanto contenido, que igual ni sabemos verbalizar. 

Pues bien, Lo que aprendí de mi pingüino (2024) tiene de fondo esta base cínica, que encarna su protagonista. Un profesor inglés desilusionado acepta trabajar en un colegio privado en la Argentina de 1976, en medio de una nación dividida y en guerra. Sin embargo, el encuentro con un pingüino trastocará todos sus planes y comenzará una relación con él que irá sacándole de ese aislamiento consentido. En este sentido, recuerda a la película Black Dog (2024) en donde un hombre y un perro negro desvalido entablan una relación “sanadora”. Porque el sentido de la vida y nuestra propia identidad se descubren en una relación. 

De hecho, el actor británico Steve Coogan (Philomena, 2013) consigue una gran interpretación tanto mostrando esa indiferencia inicial como la transformación gracias al pingüino. Es interesante recordar cómo la soledad y el aislamiento suelen ser trampas comunes. Lo vemos en los héroes como Harry Potter, Frodo (saga de El Señor de los Anillos)… o incluso Spider-Man, en donde el villano sabe que si aísla al héroe, si le hace pensar que está solo, lo debilita antes de enfrentarse a él. Lo mismo advertía Sun Tzu en el libro El arte de la guerra (siglos V y IV a.C.), “Aísla al enemigo de sus aliados y corta sus suministros: así, aunque sea fuerte, quedará vulnerable.”

En cuanto al contexto histórico en el que se desarrolla la trama, es valioso destacar cómo el film deja espacio a que “el milagro” sea posible. En medio de la dictadura y de la situación de Argentina de aquellos años, no solo había espacio para la astucia y estrategias políticas, sino también para una relación inesperada. Igual que puede suceder en una cárcel (como le ocurrió al obispo y cardenal Van Thuan o al mismo San Pablo) también en un entorno de guerra. Es más, la actitud de cinismo de este profesor, porque oculta un gran dolor dentro, recuerda a la construcción del personaje de Tomás en la serie The Chosen. Concretamente con la tragedia que acontece en la tercera temporada. 

Aun así, es necesario resaltar que estas actitudes de indiferencia también pueden contagiar a las instituciones, como sucede con el colegio argentino de la película que aquí nos ocupa. Por eso, quizás, toda guerra comience en un corazón indiferente que, al no poder abrazar la realidad con afecto, abraza una idea y la absolutiza. Y de ahí, cómo las ideologías pueden manchar de sangre la historia de nuestra especie. 

En definitiva, una interesante película con un tono cercano y entrañable que funciona muy bien. Dirigida por el también británico Peter Cattaneo (Full Monty, 1997) y escrita por los guionistas de Philomena (2013). Eso sí, deja entrever una crítica al cuidado y tratamiento de los animales. Pero, sobre todo, es una historia con un mensaje poderoso y universal. Porque, al fin y al cabo, como en la pantalla, siempre nos toca decidir si queremos ser espectadores indiferentes o protagonistas de la esperanza.

Carlos Aguilera Albesa

https://www.youtube.com/watch?v=c8uATrEJk-4

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