Los miserables

Crítica

Público recomendado: +16

Asistir a la adaptación de una novela que no has leído puede tener muchas ventajas, la mayor de ellas quizás sea la de acudir a la película liberado de prejuicios y comparaciones que condicionen tu opinión sobre la misma. Especialmente cuando se trata de clásicos universales de la literatura cuya fiel representación se presenta como una tarea compleja.

En plena vorágine por la adaptación de Cumbres Borrascosas llega silenciosamente a las carteleras españolas la adaptación de los dos primeros volúmenes de Los miserables, novela escrita por Víctor Hugo  que fue llevada a la gran pantalla por última vez de la mano de actores como Hugh Jackman, Russel Crowe o Anne Hathaway, entre otros. Podría decirse  que de aquel archiconocido musical, Jean Valjean ( En españa titulada Los miserables. El Origen) es su precuela.

En Los miserables. El Origen los ingredientes se cocinan a fuego lento, lo que significa que, como en todo buen puchero, uno necesita armarse de paciencia para saborear el resultado. Pero siempre acaba mereciendo la pena. En tiempos de comida rápida y pre cocinadas encontrarse con un guiso artesanal es un hecho insólito que debe celebrarse.

No son precisamente novedosos dichos ingredientes: interpretaciones sólidas, una puesta en escena clásica al servicio de la historia y un guion en el que desfilan temas de interés universal con exquisita sutileza. Y como sucede con la buena cocina, pasarán los días y uno todavía podrá acordarse de aquellos sabores que un día hicieron estremecer su paladar.

La película pone sobre la mesa temas que a Víctor Hugo le preocupaban especialmente y que, 150 años después, siguen de rabiosa actualidad. ¿Es el ser humano malo por naturaleza? ¿O lo corrompe la convivencia con otros seres humanos? ¿Existe el perdón y la redención para el ser humano? Estas preguntas le irán surgiendo al espectador en el transcurso del encuentro entre el clérigo y ladrón, relación sobre la que cae el peso entero de la trama. Por un lado nos encontramos a un obispo que ha experimentado en el pasado una gran cantidad de dolor y que encarna en su ministerio la infinita misericordia de Dios y en frente, un hombre cuyas circunstancias familiares le condujeron a cometer un crimen y al que su dura experiencia en la cárcel acaba transformando en un ser humano lleno de ira, rencor y abatimiento.

Puede decirse que la película cumple con creces su difícil cometido que no es otro que narrar con sencillez la redención del ser humano. Quizá no haya acontecimiento más importante en la historia del hombre que el convencimiento de que su pasado no le define, que únicamente lo hace su corazón y el deseo sincero de cambiarlo.

La película es, en definitiva un encuentro entre una persona secuestrada por su pasado y otra que no tiene memoria. La representación perfecta de cómo Dios anhela seducir al hombre, que se resiste avergonzando.

Jaime Paricio

https://youtu.be/AdNlxHG0rmA?is=q5YhvlcAV-tjZ6_j

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