Monuments men

Monuments men 

Público recomendado: Jóvenes

Ni dentro de la guerra ni fuera de ella. Nunca se es lo suficientemente fuerte para que nada ni nadie te hiera. Existen heridas del cuerpo y heridas del alma. Algunas se curan enseguida, otras permanecen un tiempo como si tuvieran una misión, una tarea…

 

 

Pero no solemos pensar en el significado de nuestras heridas, tan solo anhelamos que se sanen, que desaparezcan. Y muchas veces sucede. Sin embargo, siempre hay un instante o una circunstancia que despiertan esa herida, la de siempre; o una nueva, que también sangra y reclama atención. ¿Qué lleva, verdaderamente, a un pueblo como el alemán a acometer uno de los genocidios más atroces de la historia de la humanidad? ¿Por qué existe el mal? 

George Clooney nos invita a mirar la herida más grande del pueblo alemán, la Segunda Guerra Mundial (2GM), desde una perspectiva nueva y sanadora. Clooney (Confesiones de una mente peligrosa, Buenas noches y buena suerte, Ella es el partido, Los idus de marzo) dirige, produce, co-escribe e interpreta; convirtiéndose en el director de orquesta y responsable de todo impacto y consecuencia. Estamos ante una obra de gran interés para la humanidad, que a pesar de tener ciertos atisbos de documental (y algún problema menor de guión), consigue trasladarnos a aquella época y contarnos una historia que termina conmoviendo.  Monuments Men nos narra la historia de un grupo selecto de expertos del arte (historiadores, escultores o directores de museo) a los que se le asigna una misión especial: la de rescatar, impedir y evitar la destrucción de obras de arte durante la 2GM. Monuments Men nos muestra a un grupo de soldados estadounidenses, británicos y franceses, que tan solo por la naturaleza de su misión, permiten una mirada distinta sobre la guerra, precisamente, porque caminan entre soldados sin serlo del todo; ¿qué les hace distintos? Monuments Men permite hacer memoria de aquello que nos hace ser humanos. Porque un pueblo se juega su futuro y su existencia en la forma de hacer memoria de quién es y de donde viene. Y eso no se detecta en las estadísticas que brotan de los presupuestos anuales, sino que se detecta en la belleza de sus cantos o en la de sus obras de arte, en definitiva, de su cultura. Hasta tal punto, que la verdadera conquista no ocurre del todo hasta que el invasor no accede a la cultura del pueblo conquistado y le inocula la suya propia. ¿Cómo pensamos si no que EE.UU. está colonizando el mundo si no es por Michael Jakson, Madonna, Beyoncé o con el Justin Bieber de turno; música escuchada en nuestro inseparable Iphone mientras nos “alimentamos” en un McDonals o en un Starbucks? La supervivencia de un pueblo depende, creo yo, de la belleza de sus propios cantos y de saber custodiar la riqueza culinaria originaria generación tras generación. Y desde ahí, ser capaces de enriquecerse con todo lo demás. 

La película cuenta con un reparto artístico de lujo en donde encontramos -además de Clooney- a Matt Damon, Bill Murray (fantástica la secuencia de la ducha), John Goodman (siempre un acierto), Jean Dujardin y Bob Balaban. Vale la pena destacar a la camaleónica y talentosa Cate Blanchett así como la incorporación de Hugh Bonneville: un actor británico, que se ha hecho popular por la premiada serie de televisión Downton Abbey. El guión esta basado en el libro The Monuments Men: Allied Heroes, Nazi Thieves and the Greatest Treasure Hunt in History, de Robert M. Edsel; y adolece de falta de unidad entre las distintas tramas, quizás, por ser demasiadas. Lo cual genera un ritmo convencional, sin fuerza ni grandes momentos dramáticos de nivel. Sin embargo, existen varias secuencias brillantes: cuando el personaje de Bill Murray escucha la voz de su hija y de su nieta en una grabación mientras se da una ducha; cuando se encuentran a un alemán y evitan un conflicto gracias a John Wayne; o cuando se plantea la posibilidad de dar la vida por una escultura de Miguel Ángel. A nivel narrativo cabe destacar cómo determinadas obras de arte tienen su propio valor dentro la trama y de los conflictos de los personajes. Concretamente, La Madonna de Brujas, de Miguel Angel, y el Políptico de Gante sobre La Adoración del Cordero Místico, realizado por los hermanos Hubert y Jan van Eyck; ambas pertenecientes a la iconografía cristiana. Por lo tanto, el arte aparece como una pieza vital dentro de este puzzle que es el hombre, capaz de las mayores obras artísticas y de los mayores genocidios de la historia.           

Las películas bélicas suelen llevar a los personajes a situaciones límite que desvelan cómo son en realidad. Aunque esta capacidad no la tiene en exclusiva este género, sucede con frecuencia que la guerra empuja a los soldados, bien a una entrega heroica o bien a un olvido de cualquier atisbo de humanidad, generando monstruos que, en el mejor de los casos, maldicen a Dios por abandonarlos. 

Somos, quizás, las heridas que tenemos pero nuestro rostro, nuestro verdadero rostro no aflora hasta que aprendemos a abrazarlas, a nombrarlas. Y el arte es, quizás, uno de los mejores instrumentos para ello. Recordemos cómo el personaje de Will Smith en Soy leyenda,  un virólogo americano que queda el último humano en Nueva York (y quizás en todo el mundo), llena las paredes de su casa de cuadros de los museos de la ciudad (se ve un Van Gogh en la chimenea) y pone maniquís por la calles con los que poder hablar. Todo esto junto con la compañía de un perro le permite mantener una actitud de espera y no abandonarse a la oscuridad… De la misma forma que la violencia embrutece y ahoga lo humano (recordemos el personaje de Eric Bana en Munich), el arte despierta lo humano. Saber custodiar la tradición artística (Monuments Men) o culinaria (El festin de Babette) exalta lo humano y lo salva de sí mismo. 

En conclusión, una interesante y agradable película, que propone una mirada original (por sanadora) sobre el nazismo; mirada que brota de una afecto por la tradición artística y cultural; entendida, quizás, como una de las mejores armas para afrontar cualquier conflicto social o personal.

Carlos Aguilera

 

Ficha técnica:

Director: George Clooney.

Intérpretes: George Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin, Bob Balaban, Hugh Bonneville, Cate Blanchett.

EE.UU, 2014.

Género: Tragicomedia bélica.

Duración: 118 min.

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