Münter y el amor de Kandinsky

Crítica

Público recomendado: Todos los públicos

La película es una poderosa historia sobre arte, deseo, traición, resistencia y redención, centrada en la figura de Gabriele Münter, artista clave del expresionismo alemán y cofundadora, junto a Wassily Kandinsky, del legendario movimiento Der Blaue Reiter (El Jinete Azul). 

Además de biopic artístico, el filme reivindica la figura de Münter como mujer moderna, libre y silenciada por la historia del arte. Narrada desde su perspectiva, reconstruye una relación desigual en la que Münter fue compañera a veces dependiente y otras veces no, musa, protectora… y, finalmente, olvidada.

Gabriele Münter (1877-1962) fue una artista libre, moderna y visionaria, fue la pareja de Vasili Kandkinsky, uno de los grandes artistas abstractos de la historia del arte, que junto al de él, su nombre quedó eclipsado durante años. Una película rescata la historia de una unión artística que revolucionó la pintura, dirigida por Marcus O. Rosenmüller. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en Madrid presentó hace un año su primera exposición monográfica fuera del ámbito lingüístico alemán de Gabriele Münter, una de las fundadoras de El Jinete Azul (Der Blaue Reiter), el legendario grupo de pintores expresionistas con sede en Múnich surgido a finales de 1911, al que también pertenecieron Kandinsky, y otras magníficas creadoras como Natalia Goncharova o Marianne von Werefkin.

Münter afirmaba “representé el mundo tal como me parecía en su esencia, tal como se apoderaba de mí”, y es esta máxima la que pervive en su obra, algo que se echa en falta en el filme, quizás un acercamiento más a fondo a su pintura.

Lo que si se aborda es cómo Gabriele Münter (interpretada por Vanessa Loibl) conoce a Wassily Kandinsky (Vladimir Burlakov) cuando aún soñaba con abrirse camino en el arte. Entre pinceles, viajes y el carácter inquieto de un genio atormentado, nació una pasión que los unió como amantes y como cómplices creativos. Una mujer que amó con entrega, que inspiró y protegió en secreto un legado artístico durante la invasión nazi, y que, aun así, fue relegada al olvido. 

Münter y el amor de Kandinsky es una mirada a una relación marcada por la desigualdad, el silencio y la resiliencia. Kandinsky alcanzó la gloria; Münter, una artista adelantada a su tiempo, que no alcanzó en vida reconocimiento alguno. Sin embargo, hoy se muestra toda su fuerza y creatividad, tanto en los museos y centros de arte, como en el cine, en la línea de recuperar y visibilizar a las artistas olvidadas en la historia del arte de manera muy justa.

La película se inicia en 1942, momento que la Gestapo busca obras de Kandinsky, artista proscrito y llamado “degenerado” según los nazis, en la casa de Münter, para iniciar una serie de flashbacks que comienzan en 1901, cuando los dos artistas se conocieron en una escuela de pintura de Múnich.

La cinta reconoce y muestra los colores de la obra de Münter que son ahora mismo reivindicados como libres y avanzados para su tiempo, llenos de lucidez. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presentó recientemente su obra como “una pintura muy versátil, muy espontánea, pero hay una profunda reflexión, un querer trascender y que el arte se convierta en un vehículo para cambiar la sociedad y llevarnos a un mundo donde lo espiritual tenga más fuerza”, según la comisaria de la muestra, Marta Ruiz del Árbol.

Pese a convivir con Kandinsky, cada uno siguió su propio camino artístico. Múnter se rebeló contra las limitaciones que se cernían sobre las mujeres de su época, convivió con Vasili sin pasar por la vicaría, viajaron juntos e impulsaron el expresionismo alemán a comienzos del siglo XX. Gabrielle Münter comparte con sus compañeros de El Jinete Azul, “ese deseo de trascender, de no quedarse en el materialismo de la sociedad”. Una obra siempre en constante cambio, sin miedo a experimentar, tal y como puede verse por ejemplo en sus autorretratos, cuadros que no solía exponer y que reservaba para su ámbito íntimo. Una artista llena de un planteamiento de modernidad vibrante, que afirmaba “extraigo los aspectos más expresivos de la realidad y los represento con sencillez, al grano, sin florituras”. Una artista, reconocida en su país de origen, pero cuyas obras han quedado eclipsadas por la sombra de su compañero sentimental.

Múnter fue una mujer moderna, rompedora, a la que podemos ver divirtiéndose en un trineo, montando en bicicleta o remando en una barca. En sus autorretratos, se pinta como una mujer vestida a la moda, con sombrero y joyas que denotan su clase social, pero en la mayoría de lienzos es más sutil y aparece de espaldas. También viajó dos años por Estados Unidos haciendo fotos con una cámara Kodak lo que condicionó su forma de mirar, la composición de sus cuadros y también la inclusión de su figura en las instantáneas, como una sombra.

Mujer sin hijos -no llegó a casarse con los dos hombres de su vida-, su mirada a la infancia no es tierna ni naíf. En un momento de su carrera, vuelve a los dibujos infantiles para desaprender a pintar, algo que también transitó Picasso; son retratos de niños que provocan una sensación desasosegante.

Viajera infatigable, tuvo que huir a Escandinavia durante la Primera Guerra Mundial y cuando volvió a Alemania todo había cambiado. Su círculo cercano se había desvanecido, Kandinsky le había engañado, se entera de que no está muerto y se ha casado con otra mujer. Münter pasa una crisis grande, hasta que vuelve a encontrar su sitio.

María Molina

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=1ogF4uC6tLM

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