Público recomendado: Adultos S
Si en la primera parte de “Nymphomaniac”, la vapuleada y adicta al sexo Joe (Charlotte Gainsbourg) relataba a su salvador, el viejo solterón Seligman (Stellan Skarsgård), sus sórdidas andanzas sexuales durante su infancia y adolescencia, en esta segunda entrega continúa su turbia narración hasta el momento actual, en el que ella ya tiene cincuenta años.
El polémico cineasta danés Lars von Trier (“Europa”, “Rompiendo las olas”, “Bailar en la oscuridad”, “Dogville”) mantiene aquí la obscenidad casi pornográfica de la primera parte, así como su estética excesiva, su pedante tono pesudointelectual, su morosidad narrativa y su desolador pesimismo, llevado hasta lo grotesco en su demencial desenlace. Con ello, “Nymphomaniac” se consolida como un aburrido y ofensivo fruto amargo del carácter depresivo de Von Trier —reconocido por él mismo— y como un bobo intento de hacer cine porno de autor con pretensiones de ensayo sesudo sobre la postmodernidad.