Crítica
Público recomendado: TP
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Si esta saga familiar tiene una virtud incuestionable, es su capacidad para sobrevivir a tantas películas, todas repetitivas hasta la saciedad y del todo intrascendentes. Pero siguen llenando salas. Santiago Segura podrá ser muchas cosas en un contexto artístico, pero no engaña a nadie: ha sabido conquistar el mercado de verano español con su particular visión del cine y la vida. Padre no hay más que uno 5: Nido repleto no aporta nada nuevo, pero quizá en su fenómeno buenista esté la clave para sacarte una sonrisa.
La nueva entrega está dirigida, escrita y protagonizada, una vez más, por Santiago Segura. El reparto suma a los de siempre, desde Toni Acosta hasta Leo Harlem, moviéndose todos en un bucle de tedio insufrible. La sinopsis presupone el ingenio de invertir el clásico síndrome del nido vacío por un hogar a rebosar que se transformará en la conocida pesadilla, alrededor de los hijos y en una casa de naturaleza desordenada. Caos, cercanía, falta de independencia matrimonial y las sobreexplotadas conveniencias narrativas caracterizan esta más que floja cinta comercial.
Padre no hay más que uno 5: Nido repleto es una regurgitación de patrones, más de lo mismo hasta el hastío. Tono buenista, inflexiones forzadas, humor blanco y una mirada amable sobre la existencia. La puesta en escena vive de ser práctica; funciona a base de eficacia y optimización de elementos, con planos nítidos, mucha luminosidad, montaje frenético e interpretaciones “carismáticas”. El punto cómico, fundamental en estos filmes, nace del costumbrismo fácil de reconocer por el espectador, uno que jamás arriesga a cambio de conectar al instante con el público medio, sobre todo padres de familia.
Sí se puede conceder a Segura su amor por la familia como refugio; el problema está en la distorsionada y simplista representación pedagógica de la que es la célula básica de la sociedad. De nuevo, la quinta pieza de la saga goza de una mirada positiva y esperanzada, sin duda un tesoro de gran valor frente a la trivialización moderna sobre la maternidad, la figura del padre y la apertura a la vida y la descendencia. El director sabe qué tecla tocar para seducir al gran público y, de paso, abraza los dones del sacrificio, la entrega y el perdón, así como los peligros de mirar por uno mismo.
Padre no hay más que uno 5: Nido repleto no inventa, reinventa ni aporta nada, si bien es cierto que no lo necesita. Aquello de estructura algorítmica le queda corto, pero sirve como honesto y desacomplejado broche a una saga que, a pesar de no llegar a los mínimos narrativos, ha logrado alegrar el día a muchos. ¿Vale la pena? Depende de cómo quiera uno invertir su tiempo.
Gabriel Sales
https://www.youtube.com/watch?v=Os5EVDLcTx8&ab_channel=SonyPicturesEspa%C3%B1a