Crítica
Público recomendado: +18
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El pasado 3 de octubre llegaba a las salas españolas Parecido a un asesinato, el nuevo largometraje de Antonio Hernández, distribuido por Vértice 360.
Bajo la apariencia de un thriller clásico, el filme —basado en la novela homónima de Juan Bolea y adaptado por Rafael Calatayud— pone en entredicho nuestros poco considerados juicios morales. El enredo comienza en el propio título: no asistimos a la resolución de un crimen, sino a la exploración de las grietas que deja en quienes lo rodean.
De esta manera, Hernández convierte la intriga en un laboratorio de emociones. De hecho, el suspense no reside en la pregunta “¿quién lo hizo?”, sino en la inquietante constatación de cómo la verdad se distorsiona cuando se somete al miedo, la culpa o la necesidad de fingir coherencia. Así las cosas, la narración se construye sobre lo que no se dice. Cada pausa se convierte en un eco, cada mirada desviada en una prueba más de esa crisis de principios que sustituye al clásico juego de detectives.
Tal vez por ello, el director articula su puesta en escena como una red de fracturas mínimas: elipsis, gestos imperceptibles o repeticiones apenas perceptibles que obligan al espectador a recomponer la historia a contraluz. El resultado es un relato en perpetuo desequilibrio: la duda es siempre la única certeza.
Para sostener esta arquitectura dramática ambigua, Parecido a un asesinato confía en un importante elenco, que sabe que el silencio es su mejor defensa.
Blanca Suárez, en el papel de Eva, ofrece una interpretación de una precisión milimétrica. Su economía gestual es su mejor arma: una mirada o una pausa bastan para sugerir una tormenta interior. Lo que aparenta fragilidad es, en realidad, una forma de control. Frente a ella, Raúl Prieto, que da vida a Javi, encarna la duda en toda su totalidad.
Tamar Novas da vida a José. Introduce a su personaje algunas dosis de aparente serenidad, sin embargo su calma resulta desconcertante. Eduardo Noriega da vida a Nazario, quien impone su presencia desde la palabra, a fin de distraer la confianza del grupo. Entre todos crean un espacio de tensión donde cada frase es una posible delación y cada silencio el mejor lugar para estar seguro.
En el plano formal, el montaje replica con precisión el funcionamiento de la mente sometida a presión: escenas que se repiten con ligeras variaciones, recuerdos fragmentados que irrumpen sin aviso, como si la mente tropezara con su propio pasado, y una banda sonora de ritmo irregular que actúa como latido disonante, recordatorio constante de que algo esencial está fuera de lugar.
El filme se convierte así en una parábola sobre la culpa y la verdad compartida. Hernández filma la desorientación sin artimañas. En esta película no hay redención, ni certezas, ni héroes posibles. Solo la incomodidad de tener que decidir qué creer y hasta qué punto somos cómplices de lo que callamos.
Parecido a un asesinato es, en definitiva, un thriller psicológico con buenas hechuras y poco habitual en nuestro cine. Se trata de una aventura que no busca deslumbrar, sino perturbar. Una experiencia que, más que resolverse, se queda latiendo en la cabeza del espectador, como un eco persistente de aquello que preferiríamos… no haber visto.
José Luis Panero
https://www.youtube.com/watch?v=tstCdWMe38A