Roofman: Un ladrón en el tejado

Crítica

Público recomendado: +16

El director Derek Cianfrance saltó a la popularidad en 2010 gracias a la película Blue Valentine, una de las muestras más destacadas de cine independiente americano de la década pasada. Desde entonces, Cianfrance solo ha dirigido tres películas más, además de una miniserie de televisión, pero ha sabido mantener el nivel de aquella película que lo dio a conocer hace quince años. Ahora estrena Roofman: Un ladrón en el tejado, con su habitual mezcla de tonos y géneros, que acerca una curiosa historia real al gran público.

Roofman se basa en las vicencias de Jeffrey Manchester, un exmilitar que acaba metido en atracos a restaurantes y otros pequeños negocios, hasta que es detenido. Después de una ingeniosa fuga, se esconde en una juguetería, y comienza una nueva vida con otra identidad.

Las historias reales siempre corren el peligro de acabar convertidas en telefilmes cuando son adaptadas al cine. Esa especie de tono neutro, y de contar los acontecimientos como si fuera un mero trámite, tan reconocible de esos productos que hacen más llevadera la hora de la siesta a los espectadores televisivos. Pero gracias al buen hacer de un director con personalidad, como es Derek Cianfrance, y a un potente reparto, Roofman consigue evitarlo. Nos ofrece un relato de una posible redención, la de un hombre bueno que acaba haciendo cosas malas por las circunstancias. Una historia que hace que empaticemos con el protagonista, aunque no podamos aprobar sus acciones.

Cianfrance se sirve de un estilo casi documental, que enfatiza el carácter real de la historia: cámara al hombro e iluminación naturalista. El grano cinematográfico marcado y los colores desaturados nos remiten a cierto cine de principios de los 2000, cuando se desarrolla la historia. Otro acierto es la mezcla de tonos y de géneros: comedia, drama y thriller, con unas notas de historia romántica. 

La película ofrece un interesante subtexto, centrado en la importancia de la familia para dar una base necesaria al individuo. El protagonista acaba entendiendo que los bienes materiales que pretendía dar a sus seres queridos no son tan importantes como su propio tiempo, su propia presencia, que pone en riesgo al cometer sus delitos.

Resulta también interesante cómo, en su momento de mayor desesperación, Jeffrey encuentra un lugar de acogida en una iglesia, aunque la película no profundiza en aspectos trascendentes.

La eficaz narración de Cianfrance y el buen hacer del reparto convierten el visionado de Roofman: Un ladrón en el tejado en una agradable experiencia, si bien podría haberse aligerado un poco el metraje de dos horas. 

Federico Alba.

https://www.youtube.com/watch?v=LMnC2UxceZk

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad