Que la fiesta continúe

Crítica

Público recomendado: +16

Después de sus últimas películas —Mali Twist (2022), una tierna historia de amor con reflexión política en el Mali revolucionario de 1962 y Gloria Mundi, más dura y sombría, sobre un sistema social deshumanizado—, Guédiguian se concede una cierta distancia de su compromiso político (en realidad sólo se aleja para ganar perspectiva) y nos ofrece un relato lleno de optimismo reconfortante, que habla también de desilusión, pero, sobre todo, de solidaridad y de amor. Además, en ¡Que la fiesta continúe!, regresa a la luminosidad del sol de Marsella y de su familia de cine: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, a los cuales se añaden actores de la siguiente generación: Lola Naymark, Robinson Stévenin, Grégoire Leprince-Ringuet, Alice Da Luz. Y una vez más, el cine característico de Guédiguian, que ahonda con realismo en la vida, en la familia y en el compromiso social hasta confundirse con todo ello, nos trae un mensaje reconfortante.

La película encierra una amalgama de todos los temas propios del cineasta: el compromiso y la solidaridad, el comunismo, Armenia, la identidad personal, la familia, la transmisión de valores y tareas entre generaciones… En definitiva Guédiguian habla de las luchas y las inquietudes de nuestro mundo, como la militancia en grupos políticos (o la indiferencia o hasta la instrumentalización para intereses personales), los conflictos internacionales que comprometen la paz mundial y la vida de las personas, el cinismo de no pocos políticos, la pobreza y la miseria cada vez más extendidas, las dudas y el desconcierto de una sociedad desilusionada que no sabe por quién tomar partido, y, en medio de todo ello, el peso inquebrantable de la familia para unir y proteger de los vientos adversos.

Con tantas briznas de asuntos, el guion podría haberse resentido de falta de una narración lineal y haberse convertido en un revoltijo incoherente. Pero no es así, puesto que hay un hilo conductor vivo y palpitante, que amalgama todos los fragmentos con su capacidad de bondad y de ternura. Es el personaje de Rosa (una Ariane Ascaride en estado de gracia), una mujer viuda de sesenta años, un ser luminoso que ha dedicado su vida a la familia y a la defensa de los más débiles, con la misma entrega generosa. Trabaja como  enfermera en un hospital, ejerce de madre y de abuela y todavía encuentra tiempo para su compromiso social. Tiene dos hijos, uno médico comprometido con el drama de los migrantes y con Armenia, el país de sus padres (y del mismo Robert Guédiguian), donde,  una vez más el ruido de armas siembra muerte y desolación. El otro, cariñoso y extrovertido, al que la madre tendrá que ayudar para no perder el rumbo de su vida. Y para cerrar el círculo, su hermano, considerado el último comunista de Marsella.

Todos piensan que Rosa es la única persona que podría conseguir la unión de las agrupaciones de izquierda para elaborar una lista con posibilidades de ganar en unas elecciones de gran importancia, después del terrible acontecimiento del hundimiento de unos inmuebles en Marsella, que ha causado un gran número de muertos y heridos. Pero tiene que enfrentarse a la realidad de unos partidos políticos más preocupados por mantener su poder que por el bien común, lo cual no es realmente muy estimulante para seguir adelante. A mayor abundamiento que, de improviso, se ha enamorado de un hombre que la adora.

El resultado de esas intrigas amorosas, familiares y de lucha social es una película extraordinaria, con unos planos de mar bellísimos, de un azul intenso, y con una música que amplifica y hace avanzar la dimensión trágica del relato tiñéndola de esperanza y confianza en el futuro. El público empatiza con los personajes y vibra con las situaciones de injusticia y de mediocridad. El trabajo actoral es magnífico y uno tiene la impresión de volver a encontrarse con viejos amigos, con los cuales va a ser fácil arreglar el mundo.

Al final, a pesar de un cierto desánimo por tanto egoísmo, deja un regusto de esperanza y optimismo, porque el amor, en todas sus formas, es capaz de sobrevolar dramas personales y desilusiones políticas.

Mariángeles Almacellas

https://www.youtube.com/watch?v=h1erskOZWgs

 

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