Crítica
Público recomendado: familiar
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Muy curiosa apuesta del guionista y director Seth Worley que mezcla aventuras, drama y terror muy ligero haciendo todo lo posible para no ahuyentar a los más pequeños (aunque puede que no siempre lo logre). Apadrinada con acierto por Angel Studios, trata temas muy importantes como el dolor emocional y su aceptación.
Una niña con mucha imaginación deja caer accidentalmente su cuaderno en un misterioso estanque y sus dibujos cobran vida. Criaturas disparatadas y un poco peligrosas se escapan por la ciudad, sembrando el caos. Junto a su hermano y con la ayuda de su despistado padre, deberán atrapar a sus propias creaciones antes de que el desastre sea total.
Como bien recordará el avispado lector, hay dos películas que se parecen mucho: Harold y el lápiz mágico (Carlos Saldanha, 2024) y Wolfgang (Javier Ruiz Caldera, 2025). La primera trataba de un dibujo animado que buscaba a su creador en el mundo real y era capaz de hacer “vivir” a los dibujos que hacía con su lápiz mágico. La segunda era sobre un niño prodigio del piano que había perdido hace poco a su madre y se tenía que hacer cargo su padre de él. Sketch. Cuidado con lo que dibujas, escrita y dirigida por Seth Worley, sería una mezcla de ambas.
Es lógico que la sinopsis oculte el tema nuclear ya que no es agradable: Taylor, padre de Jack y Amber, ha perdido hace muy poco a su mujer, y todos tienen que sobrellevar como buenamente pueden una pérdida tan dura. Amber, la niña, está expresando su dolor a través de terribles dibujos. ¿Qué pasaría si esos dibujos cobraran vida? El resto sí que lo cuenta la sinopsis. Y aun así los padres no deben tener miedo a dicho asunto porque su tratamiento es muy adecuado.
Siendo sinceros, de poco importa que Worley no explique el origen de la magia del estanque, digamos que es un ‘macguffin’ de manual, es decir, una mera excusa para abordar lo central, que es hablar de temas muy importantes como la familia, su unidad, el tratamiento del dolor, el luto, la comunicación padres-hijos, etc., y todo ello lo hace muy bien el director y guionista, que cuenta con un reparto muy metido en sus papeles y efectos especiales muy conseguidos para ser una producción no muy ambiciosa.
Se nos dice, como ocurría en la susodicha película española, que el dolor y la tristeza son demasiado importantes como para ocultarlos y querer ignorarlos, hay que hablarlos y tratarlos antes de que provoquen males mayores, que la familia unida siempre es el mejor remedio para los problemas y que hay que aceptar al otro como es, con sus virtudes y sus defectos (aunque a veces lleve a la extenuación, pero es que nosotros también podemos ser así sin darnos cuenta). Y también, de paso, que algunas enemistades pueden tener solución si se hablan y se ven con calma sus orígenes.
Quizás el mayor talón de Aquiles sea su tono, ya que hay numerosos momentos que pueden asustar a los más pequeños y algunas partes que van demasiado deprisa, sin quedar claro qué está pasando o por qué. Por fortuna no hay descontrol porque el metraje se limita a 92 minutos y no se alarga demasiado, pero un poco más de “centrar el tiro” sí que se habría agradecido. También se habría agradecido algún apunte sobre la trascendencia y el Cielo a raíz de la temática, la ocasión era perfecta para dejar claro que, como decía ese precioso y gran himno, “la muerte no es el final”.
En suma queda una película que no es redonda del todo pero tiene muy buenos mensajes sobre la unión familiar y la superación del dolor. Angel Studios vuelve a demostrar una gran puntería a la hora de apadrinar producciones que de verdad sirven a la familia y, por tanto, a la sociedad.
Miguel Soria