Crítica
Público recomendado: +12
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Netflix sigue con su estrategia de producir películas con importantes equipos profesionales, tanto delante como detrás de las cámaras. Películas con factura cinematográfica que tienen un estreno limitado en salas, para desgracia de los aficionados a la experiencia tradicional, y que en un par de semanas acaban en la famosa plataforma. La última de ellas es Sueños de trenes, basada en una novela corta homónima de Denis Johnson, publicada en 2002 y finalista al premio Pulitzer.
La historia abarca varias décadas en la vida del protagonista, un leñador de principios del siglo XX, que va recorriendo los Estados Unidos en busca de trabajo. Pronto encontrará una mujer con la que establecer una familia, pero sus ausencias y una tragedia natural se convertirán en obstáculos para su felicidad.
Lo primero que hay que decir es que estamos ante una película de gran belleza fotográfica, que explota con delicadeza los diferentes parajes naturales por los que el protagonista recorre el país en busca de trabajo. La cámara en mano y el estilo naturalista crea unas imágenes hermosas, pero de una gran inmediatez.
Al mismo tiempo, no es un esteticismo vacío, sino que toda la historia está impregnada de una conexión entre el hombre y la naturaleza. De este modo, que el protagonista se dedique a talar árboles resulta en un conflicto más espiritual que externo con el mundo que lo rodea. El director enfatiza esa presencia de lo natural con planos desde perspectivas elevadas y movimientos fluidos de cámara que remiten a Terrence Malick (sin llegar a acercarse a su solidez discursiva, desafortunadamente).
El problema es que esta especie de panteísmo no se inserta en una historia bien desarrollada que enganche. La película está basada en una novela corta, y da la sensación de que, en efecto, es una historia que daba para un mediometraje como mucho. El ritmo lento no es un problema si hay contenido suficiente. Pero en Sueños de trenes se percibe una cierta dispersión narrativa que hace difícil generar un interés sostenido. Es una narración episódica, con pocos sucesos y una introspección algo vacía.
A pesar de todo, es una película que se puede disfrutar por su gran trabajo fotográfico, de ambientación, y por unas excelentes interpretaciones, en especial del protagonista, Joel Edgerton. Es una pena que, con un andamiaje tan sólido, se hayan olvidado de reforzar el aspecto más importante: una historia que contar.
Federico Alba.
https://www.youtube.com/watch?v=W-KKS3cp0JA