Crítica
Público recomendado: infantil
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Siguen aflorando las apuestas cinematográficas de temática navideña. Si hace unas semanas fue Red One, ahora toca SuperKlaus, que decide firmemente acercarse al público más infantil aun a costa de, seguramente, hacerse un poco anodino al más adulto. En todo caso logra un resultado que hace posible que los mayores se despreocupen un rato ya que no hay contenidos inadecuados de ningún tipo, lo que se agradece mucho.
Tras un fuerte golpe en la cabeza, Santa Claus se cree SuperKlaus, el superhéroe de una popular saga de películas. Esto desata el caos en el Polo Norte y Fafnir, un avaricioso fabricante de juguetes, aprovecha la situación para tomar el control del taller de Santa. Sólo Billie, una niña astuta y valiente, su robot C.A.R.L. y el elfo Leo podrán desbaratar sus malvados planes y salvar la Navidad antes de que sea demasiado tarde.
Parece que, últimamente, hay algún despistado escribiendo los guiones sobre la Navidad, así que vamos a recordarlo una vez más (como hicimos con Red One): el 25 de diciembre no son los regalos, es la conmemoración del nacimiento de Jesucristo. Es un hecho histórico, se sea o no creyente, por eso no debería desviarnos la atención que, de paso, se hagan regalos, pero lo importante es lo importante, pase el tiempo que pase.
Dicho esto y dejando de lado la principal pega que se le puede hacer a la cinta, Steve Majaury y Andrea Sebastiá (coproducción entre España y Canadá) dirigen un guion coescrito entre Phillipe Ivanusic-Vallée y Sylvie Bélanger que aporta un punto curioso y original: a Santa Claus se le ha ido la cabeza y debe volver a ser él para que la Navidad no fracase y los niños reciban sus regalos. Es divertido ver cómo la cinta se ríe de los superhéroes de los que tanta saturación hemos tenido y, por lo que todo apunta, vamos a seguir teniendo. También de la excesiva dependencia de las pantallas (abochorna un poco que en la película se critique esto de forma explícita y muchos padres, aun así, estén más atentos en la sala a sus móviles que a la felicidad de sus hijos) y de la mercantilización de estas fechas con compañías que dejan de lado sus controles de calidad con tal de ahorrar costes y maximizar beneficios.
Por supuesto se insiste en las clásicas ideas de creer en la magia navideña, en la amistad, la generosidad y el trabajo en equipo, y una apuesta muy decidida y agradecida por la familia tradicional (padre, madre y, si Dios los da, hijos) que intenta, como buenamente puede, pasar tiempo juntos. Quizás no todo el que gustaría, pero al menos hacer el esfuerzo por encontrar momentos aquí y allá.
La animación, hay que decirlo, es muy básica, quedando lejos de Disney (Vaiana 2, en cartelera mientras se escriben estas líneas, está a años luz) y aún más de Pixar (Inside Out 2, la más reciente de los del flexo, está millones de años luz), pero por fortuna en el lado sonoro se han optado por voces muy profesionales y de gigantesco recorrido (José Ángel Juanes, Luis Bajo o Abraham Aguilar) para doblar a los personajes, algo muy bueno teniendo en cuenta la horrible moda de elegir famosos sin ninguna formación en el arte de la voz.
SuperKlaus no pasará a la historia por su calidad técnica ni por su guion, pero sí logra ser una buena apuesta para que los padres lleven a sus hijos pequeños al cine a ver algo sin ningún temor a que nada rompa esa magia navideña. Es un filme pensado para ellos y, una vez más, pedimos a los progenitores que olviden sus móviles mientras dure el metraje para centrarse en lo importante: el disfrute de sus infantes de principio a fin. Y con divertida escena a mitad de los créditos, conviene no perdérsela.
Miguel Soria