Torrente 5: Operación Eurovegas ![]()
Público recomendado: Adultos
El tema de las pelis de Torrente está en el PERO. Esta última entrega es divertida, con mucha acción, emoción, humor, PERO… ya se lo imaginan.
Torrente 5: Operación Eurovegas viene a ser una parodia de Ocean’s eleven (Steven Soderbergh, 2001) con pirueta final, ágil, divertida, efectos especiales…, muy bien hecha. Torrente sale de la cárcel y comienza su discurso: ante una sociedad injusta, que le ha hundido en la miseria, ha decidido que ya no se puede seguir siendo como es, ejemplo irreprochable de virtudes cívicas y patriotas. Por tanto, no le queda más remedio que considerarse fuera de la ley… y decide, entonces, el asalto a Eurovegas.
La caracterización de este personaje, desde la primera entrega de la saga (Torrente: el brazo tonto de la ley), todo sombras sin luces, es el mejor acierto, porque encarna un tipo muy real: el de quien ha perdido la noción de sí mismo, incapaz de darse cuenta de la opinión que provoca en los demás; y más aún, la tipología de quien, enfangado en la miseria moral, no solo no la ve, sino que se muestra agresivo frente a quien le advierte o amonesta. No puede negarse que una parte importante de los dinosaurios de la política (ahora y en todos los tiempos), sufre un dramático síndrome de torrente, y si hay que poner nombres se pueden poner: el último caso de torrentismo político lo ha dado Jordi Pujol en su declaración ante el Parlament. Segura afirmaba, hace dos años, en su discurso en la entrega de los Goya, que Torrente es más serio de lo que parece. Yo le doy la razón: Torrente es mucho más que ventosidades y sexo oral cutre.
Vamos ahora con los PEROS. Una buena película, divertida, con emoción, PERO…
PERO lo que es absolutamente insufrible es el sexo burdo, soez, continuo. Simplemente inaguantable. Claro que de ningún modo eso es obstáculo a su formidable y envidiable éxito, puesto que es el tipo de humor omnipresente, no ya sólo en los espacios privados, sino, en gran medida, en el foro público. El resultado, negarlo sería estúpido, es que nos “envilecemos” poco a poco como espectadores. Lo burdo acaba ahogando lo sutil. El humor fino, inteligente, ha sido desterrado por Segura y el público fiel y su lugar lo ocupa la basta y previsible chacotada. Se ha alejado Torrente mucho de alguno de sus primeros parecidos, como del que guardaba –fuera o no intención de Segura- con Ignatius Reilly, el lunático de la inmortal novela La conjura de los necios.
Hay otro PERO que es más complicado de analizar, porque tiene su parte de razón. Segura tiene su particular modo de reírse de lo asfixiantemente correcto, aunque en el fondo, él pueda ser (quizá no) un partidario de ese modelo de izquierda que reduce el pensamiento a eslogan. Pero el caso es que con las sagas Torrente, Segura crea un mundo en el que se permite transgredir todas las normas de la corrección política y aun de las más básicas reglas de educación o decoro social, haciendo saltar por los aires también cualquier compasión o misericordia.
No falta la crítica política, la sátira de la hipocresía, la configuración de personajes y situaciones cercanas al esperpento, y un largo etc. Ahora bien, parece que salir en Torrente es ya un signo de distinción para los pesos pesados de la industria. Es impresionante el número de los que salen en cada entrega: Imanol, Wyoming, Pajares, Chiquito y una inagotable lista, con letra y música de Sabina.
Pablo Gutiérrez
Ficha técnica:
Director: Santiago Segura
Guion: Santiago Segura
Reparto: Santiago Segura, Julián Delgado, Jesulín de Ubrique, Fernando Esteso, Carlos Areces
Comedia. Acción
105 minutos