Crítica
Público recomendado: +12
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Enormemente reconfortantes son propuestas como la de Volver a ti, que te sacuden sin previo aviso, te dejan pensando una vez terminadas y te llevan a debatir con amigos y familiares. Sin fuegos de artificio, Jeanette Nordahl nos trae esta extremadamente sensitiva producción danesa, sueca y belga, obra de personajes sensacionalmente encarnados por Trine Dyrholm, David Dencik, Johanne Louise Schmidt y Luna Fuglsang Svelmøe. Estamos ante uno de esos filmes que te traspasan con ánimo de autenticidad y profunda humanidad.
La premisa nos plantea la delicada situación de un matrimonio en ciernes de la separación que, al recibir ella un duro diagnóstico de enfermedad, decide retrasar la noticia a sus hijos. Ane y Thomas se adentrarán a partir de ese momento en un viaje de convivencia improvisada, no exento de ironía existencial, que les llevará a replantearse su propio sentido de la vida. Lo fantástico de la cinta es que la directora no persigue jamás el melodrama, te sumerge en lo natural de lo cotidiano, en las entrañas de una familia alimentada con pequeños gestos, miradas y los silencios característicos de tan delicada situación.
Todo lo que se ve en Volver a ti es un ejercicio de contención, es lo que pide el relato. La fotografía se mueve a menudo entre la paleta fría y la realista, potencia esa atmósfera de lo frágil y de la nueva rutina. El trabajo de cámara apuesta por encuadrar a los personajes para sentirlos de primera mano; el espectador es un testigo privilegiado de la acuciante intimidad, para bien y para mal. El diseño sonoro acompaña junto a la banda sonora sin coaccionar el sentimiento, prefiere dejar respirar a los personajes y sus avatares vitales.
Uno de los mayores logros de esta película es la honestidad de su escritura: estamos ante un guion que evita el camino fácil del sentimentalismo, así como el tópico del género. Se transmite con la complejidad exigida una serie de diálogos y situaciones que marcan la narración con el fuego de la credibilidad; todo se siente adulto a la hora de explorar el conflicto. No hay un tratamiento binario: lo emocional, psicológico y moral se aborda desde el sentido común; hay conciencia de que la familia es la célula básica de la sociedad y, como tal, un terreno fértil de amor y dolor, decepciones y esperanza, frustraciones y redención. En este punto es fundamental observar el tempo narrativo.
Qué decir de su aproximación a conceptos como el sentido del sufrimiento y la reconciliación. La enfermedad, jamás deseada, aparece aquí como puente a la comunión; es un catalizador dramático que abre una ventana enorme, una oportunidad para que los personajes cuestionen junto al espectador el mismo sentido del perdón y el sacrificio, además de la entrega incondicional. ¡Pero sin moralina! La luz de la esperanza es sutil, se va revelando con esos pequeños pasos que la persona humana da, a menudo atravesando el dolor como fuente de fecundidad existencial.
Volver a ti es una obra para exprimir, una majestuosa representación de la verdad tras la galería, una fiel y justa muestra de la belleza implícita a la compasión humana, siempre por medio de cómo somos, imperfectos. Es un filme que habla de la vida, de empezar cada día como si fuera el último para amar al que tienes al lado.
Gabriel Sales