Venom: El último baile

Crítica

Público recomendado: +16

La tercera entregada de la saga Venom viene bajo el brazo de una directora novel, Kelly Marcel, quien coescribió las dos anteriores y que ahora asume la dirección. La historia la escribe también Tom Hardy, que además de protagonista ejerce de productor. Demasiado involucrado se le ve para los resultados finales: un batiburrillo sin mucho sentido en una (supuesta) despedida agridulce para uno de los mayores antihéroes de Marvel.

Eddie y Venom están a la fuga. Perseguidos por sus sendos mundos y cada vez más cercados, el dúo se ve abocado a tomar una decisión devastadora que hará que caiga el telón sobre el último baile de Venom y Eddie.

La primera aparición cinematográfica relevante de Venom (o Veneno como se le conocía en los cómics de Spider-Man en España) fue de la mano de Sam Raimi en 2007 en Spider-Man 3 y no fue bien recibida, con razón. Su versión era muy distinta de la de los cómics y el actor elegido, Topher Grace, no dio con el tono para interpretarlo (además de tener una prótesis dental digna del museo de los horrores). Por eso su vuelta al cine se hizo esperar once años hasta 2018 con una película dedicada, Venom, dirigida por Ruben Fleischer y protagonizada por un magnífico actor como Tom Hardy, que se mostró muy solvente tanto en esa como en la secuela, Venom: Habrá matanza, de 2021, dirigida por Andy Serkis (sí, el personaje de Gollum de la trilogía de El Señor de los Anillos y la primera película de El Hobbit).

No es que las susodichas de Venom fueran un portento, pero al menos tenían su ritmo, gracia y un dúo Eddie Brock-Venom bastante gracioso con un guion sencillo pero aceptable. Aquí, sorprendentemente, se ha dejado de lado cualquier atisbo de libreto para entretejer una historia confusa, casi apenas mostrar a un villano absolutamente arquetípico y sin ningún carisma y que, para colmo de males, decide dejar todo el trabajo sucio para sus súbditos, unas criaturas alienígenas casi indestructibles y, por supuesto, malísimas.

Ciertamente hay momentos logrados como un viaje en avión muy original con chiste sobre Tom Cruise incluido, una intensa persecución en un río o un tramo final muy intenso, pero todo el resto carece de sentido y de unidad, amén de un ritmo absolutamente irregular fruto de una historia que realmente no sabe adónde quiere ir.

Si bien hay algunos valores positivos como el sacrificio personal en aras de proteger a los demás y una crítica a las investigaciones científicas que lo justifican todo por el “avance” sin pararse a pensar en las consecuencias aunque haya vidas humanas en juego, los mensajes quedan muy difuminados y ningún personaje transmite creerse lo que dice ni llegar a entender realmente qué hace allí. Al menos la duración, 90 minutos, es la justa para no aburrir excesivamente, pero eso sí, no es apta para los pequeños dada su violencia.

Una pena que en el último baile de Venom falle lo más importante: la melodía o la letra de la canción (dicho claramente una vez más: el guion). Por supuesto las escenas poscréditos dan lo que se espera: la posibilidad (más bien dicho, la seguridad, que esto es una empresa y lo importante es hacer taquilla) de que haya otro baile dentro de muy poco. Esperemos que para entonces le pongan el alma que aquí han quitado.

Miguel Soria

https://youtu.be/wuXjTZjYZQY?si=dYwHnXMCF3FXrAPS

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