Crítica
Público recomendado: +18
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Es imposible vivir una vida sin enfermedad y muerte. No podemos pretender que todo sea placer, bondad o amor gratuito. Cada generación de jóvenes idealistas, cargados de ganas de ayudar y cambiar el mundo, tiene que toparse de frente con esta realidad, con el dato de que el mundo tiene su lado oscuro. Ante el incendio de Los Ángeles, la guerra de Ucrania, ante tantos niños que aún mueren en la miseria… ¿cómo mantener la alegría al despertar cada jornada?
Este mes se ha estrenado en los cines la película Ciudad de Asfalto (2023), protagonizada y producida por el actor Sean Pean. El idealismo del joven Tye Sheridan (Ready Player One) entra en relación con el experimentado (y cínico) Sean Pean (Yo soy Sam, El árbol de la vida). Ambos son paramédicos y recorren en ambulancia las calles del caótico Nueva York. Un joven aspirante a medicina se choca con un tsunami de violencia que lo llevará al límite. Interesante el símbolo del Arcángel San Miguel, tanto en el dormitorio del joven como en su chaqueta, símbolo de ese idealismo que parece inútil frente a tanta oscuridad.
Importante desgranar un poco el personaje de este joven y lo profundamente solo que está. Ante las circunstancias tan críticas que vive (convulsiones, heridas de sangre, cadáveres, disparos de bala, agresiones personales…) queda afectado por una realidad durísima, que muestra esa veta oscura de la naturaleza humana. Ante este tormento nuestro protagonista trata de superarlo con la fiesta nocturna, con el sexo e incluso con una relación de amor; sin embargo, pronto descubre que nada de eso es suficiente. Por eso el punto de vista del director se centra en primeros planos de este joven y planos subjetivos; todo ello reforzado con una ingeniería de sonido magistral, que expresa la angustia que sufre.
En este punto se agradece que los creadores sepan mostrar cómo la naturaleza humana, con sus grandes preguntas existenciales, no se extingue ni se apaga por echarle encima litros de alcohol, drogas o sexo. Bajo las toneladas de basura, nuestras exigencias fundamentales, aún siguen vivas. De ahí, las preguntas y el cinismo que afloran en muchos personajes: hay referencias directas a cómo Dios puede permitir toda esta maldad.
Una película muy dura, pero interesante: porque apela al perdón y a la humildad como armas para afrontar el mal (armas de luz que siempre brillan), y porque plantea preguntas tan importantes como: ¿es posible creer en Dios con todo el mal que hay en el mundo? También vemos simbología religiosa/cristiana en muchas de las localizaciones que visitan estos médicos.
La película Ciudad de Asfalto denuncia el número de suicidios que se producen en el trabajo de paramédicos, esos que llegan primero a los accidentes y son testigos del caos más terrible. Por todo esto, este film se convierte en una poderosa herramienta para comenzar un Cine fórum, en donde hay buenas preguntas con las que medirse.
Es importante recordar al pensador italiano, Luigi Giussani, que decía que mientras exista el infierno, mientras el mal pueda ocurrir con toda su brutalidad, la libertad del ser humano está asegurada. Pero, ¿qué podemos hacer ante tanto mal? El mago Gandalf en la saga de El Señor de los Anillos, nos recuerda que son los gestos de amor, pequeños y cotidianos, los que mantienen al mal a raya. Gestos cómo el perdón, la humildad y la honestidad por los que apela Ciudad de Asfalto, sobre todo en esa parte final tan luminosa. Una película dura que puede herir la sensibilidad, pero que sabe concluir con inteligencia.
Carlos Aguilera Albesa