Hans Zimmer & Friends: Diamond in the Desert

Crítica

Público recomendado: familiar

Hans Zimmer & Friends: Diamond in the Desert es otro documental que llega a las salas de cine, esta vez de forma extremadamente limitada, y no es uno cualquiera: todo un repaso a las bandas sonoras más emblemáticas de uno de los compositores más importantes de la actualidad: Hans Zimmer. Lo dirige Paul Dugdale y el resultado es, sencillamente, magistral.

Presenta una extraordinaria experiencia en vivo, donde algunas de las composiciones más icónicas de Zimmer cobran vida. Con música de Dune, Gladiator, Interstellar, El Rey León y mucho más, esta producción rinde homenaje a décadas de obras maestras cinematográficas. Acompañado por su banda y una orquesta de clase mundial, Zimmer transforma el icónico Coca-Cola Arena de Dubái, junto con otros escenarios, en una celebración única de sus bandas sonoras más queridas. Desde las majestuosas dunas del desierto árabe hasta las alturas del Burj Al Arab, cada actuación ofrece una experiencia íntima e inolvidable.

Evidentemente para el disfrute absoluto conviene haber visto (y, a poder ser, tener recientes) las películas a las que se hace referencia y se toca en el escenario. De ser así, siéntese el espectador a disfrutar de un maravilloso repaso a bandas sonoras épicas e históricas, algunas más recientes, otras con algunos años a sus espaldas, pero todas muy queridas y recordadas. Imposible no emocionarse con muchas de ellas y evitar soltar una lagrimita o quizás más de una.

Paul Dugdale, director especializado en documentales (el de los Rolling Stones, Sweet Summer Sun – Hyde Park Live; el de Lenny Kravitz, Just Let Go; el de Coldplay, Ghost Stories; o el de Prodigy, World’s on Fire), películas para la televisión, miniseries para la pequeña pantalla y especiales, mezcla con gran maestría conciertos en distintas partes del mundo y conversaciones con viejos compañeros de profesión como Johnny Marr, Denis Villeneuve, Christopher Nolan o Jerry Bruckheimer. Hay gran acierto en diferenciar ambas partes mediante el formato: todo color y panorámico con espectaculares tomas para los conciertos, y blanco y negro en formato cuadrado con tomas cerradas y cercanas para las charlas, resaltando así la importancia de lo que más define al protagonista: la música.

El director se luce en muchos momentos gracias a una maravillosa planificación, una fastuosa fotografía de Brett Turnbull y un vibrante y brillante montaje de Simon Bryant que elevan a categoría de épicos los más de 140 minutos logrando que jamás se hagan aburridos. Las actuaciones están rodadas con mimo y cariño además de puro sentido del espectáculo, y las conversaciones (en versión original subtitulada al español) son muy interesantes y arrojan tanto anécdotas como datos sorprendentes, ahí es nada lo que uno descubre sobre la banda sonora de El Rey León o la importancia de la de Interstellar, tanto para Nolan como para Zimmer. Por el camino, pequeñas bromas y alguna pulla a esos jóvenes que creen que lo saben todo de la música por conocer unas cuantas canciones modernas. Quizás sobra algún comentario despectivo hacia algunos compañeros de profesión, pero al no decir nombres todo queda más misterioso y liviano.

Para el recuerdo varios solos de guitarra y de cello que son para quitarse el sombrero, amén de sobresalientes actuaciones de voz, y hay muchos más momentos que deslumbran, especialmente un perfecto clímax en las alturas con una canción que nos eleva y nos hace sentir que lo que hemos visto y escuchado es un muy dulce sueño por su enorme belleza; pero no, es real y no estamos soñando… ¿o sí? Háganse un favor y vayan a ver este documental al cine porque no va a estar mucho tiempo y es de obligado visionado en pantalla grande y sonido bien alto. Es, como su nombre indica, un auténtico diamante en el desierto.

Miguel Soria

https://www.youtube.com/watch?v=ZMO2zV14NCI

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