La chica de la aguja

Crítica

Público recomendado: +16

De la mano del director sueco-polaco Magnus von Horn, nos llega La chica de la aguja, una película dramática terrorífica, sobre un guion del mismo von Horn y Line Langebek. La cinta fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el 77.º Festival de Cine de Cannes (que finalmente recayó en Anora, de Sean Baker) y fue nominada a Mejor Película Internacional en los Premios Oscar 2025 (que fue para Aún estoy aquí, de Walter Salles).

Basada, muy libremente, en la historia real de Dagmar Overbye, sentenciada a muerte en Dinamarca en 1921 y cuya pena fue conmutada por cadena perpetua. La trama sigue la miserable existencia de Karoline (Victoria Carmen Sonne), obrera en una fábrica de confección en Copenhague, en el invierno de 2018. Desde que su marido partió al frente, hace ya más de un año, no ha tenido noticias él, por lo cual lo da por desaparecido en combate, es decir, fallecido.

Con el ínfimo sueldo que recibe, Karoline no puede ni pagar el alquiler de su pobre pensión, y se ve forzada a instalarse en un cuartucho, en un ático ruinoso y sucio hasta las náuseas.

Por un momento, parece que podría escapar del determinismo social que pesa sobre ella, cuando tiene una aventura con Jorgen (Joachim Fjelstrup), el patrón de la fábrica. Sin embargo, al quedar embarazada, se impone de nuevo la realidad y se ve sola y abandonada a su destino sin salida.

En el instante más terrible de tocar fondo, Karoline recibe el auxilio de Dagmar (Trine Dyrholm), una cincuentona, propietaria de una tienda de caramelos, que se ofrece para ayudarla en cuanto nazca su hijo a encontrar una familia de adopción. Le recomienda que no le dé un nombre para que todo resulte más fácil. Karoline se quedará como nodriza en esa agencia clandestina de tráfico de bebés, que se ha convertido en su simulacro de hogar.

En un blanco y negro deslumbrante, que nos retrotrae a la belleza formal sin fisuras de Cold War, de Pawel Pawlikowski, pero que, en la obra de von Horn, no deja traslucir ni un ápice de amor. Plano a plano, la acción va avanzando en una bajada a los infiernos, mostrando, una tras otra, de un modo acumulativo, situaciones inquietantes, otras espeluznantes y algunas casi increíbles de tanta maldad.

Desde el mismo inicio, llenando la pantalla entre sombras, como un caleidoscopio macabro, aparecen rostros distorsionados que hielan la sangre; más adelante vemos también el rostro desfigurado del marido que regresa de la guerra. Es como si se estableciera un paralelismo entre la monstruosidad física de los rostros y la perversión moral de una humanidad sin esperanza. En medio de tanto horror, la figura solícita de Dagmar tranquilizando a las madres: «Has hecho lo correcto».

La salida de los obreros de la fábrica, filmada con una cámara fija situada frontalmente, remite directamente a los principios de la historia del cine, La sortie de l’usine Lumière, de 1885. Sin embargo, y a pesar de que la historia se desarrolla en los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, la película tiene un cierto aire moderno, con la presencia demasiado evidente de los temas predominantes hoy, como el aborto, la sororidad, la familia monoparental de mujer, etc.

La película está muy cuidada estéticamente, y lo referente a encuadres, planificación y puesta en escena, en general, está tratado con mucho rigor. La fotografía de Michal Dymek es impresionante, en su juego de luces y sombras. La música, obra de Frederikke Hoffmeier, contribuye a crear la atmósfera de pesadilla fantasmagórica que mantiene al espectador sobrecogido de principio a fin.

Bajo la capa de benevolencia para conseguir la tranquilidad de mujeres que han tenido hijos no deseados, se repite la frase «Has hecho lo correcto», que no es sino una falacia para ocultar un horror. Del mismo modo, en la actualidad, una gran falacia sobre la libertad de la mujer encubre el mismo horror, convertido en legal. Porque, ¿acaso es menos perverso matar a un niño antes de nacer?

Al final de una historia tan escalofriante y desesperanzada, un pequeño rayo de luz. No todo está perdido.

Mariángeles Almacellas

https://www.youtube.com/watch?v=PzjgVhyJkPY

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