Black Phone 2

Crítica

Público recomendado: +18

Scott Derrickson carecía, hasta ahora, de secuelas de sus películas, de hecho dejó de lado la segunda parte de Doctor Strange (Doctor Extraño) porque, según él, “iba a ser una monstruosidad” por miles de diferencias creativas entre él y Marvel. Sin embargo esta vez las cosas han cambiado y nos entrega Black Phone 2, secuela del filme que dirigió y coescribió en 2021. El director opta por hacer algo distinto de lo que triunfó hace cuatro años y el resultado es, desde luego, notable.

Finn, que ya ha cumplido 17 años, sigue luchando para adaptarse a la vida después de su cautiverio. Gwen, una adolescente de 15 años con mucho carácter, empieza a recibir llamadas de un teléfono negro en sueños, acompañadas de inquietantes visiones de algo o alguien acechando a tres chicos en el campamento de invierno de Alpine Lake. Decidida a resolver el misterio y a acabar con el tormento de su hermano, Gwen convence a Finn para ir al campamento durante una tormenta de nieve. Una vez allí descubrirá el inesperado y devastador vínculo entre El Raptor y la historia de su familia. Juntos, los dos hermanos deberán enfrentarse a un asesino aún más poderoso desde la muerte y que ahora tiene una relevancia mucho más importante de lo que podían imaginar.

El truco de las secuelas suele ser entregar lo mismo pero en mayores cantidades. Decimos “suele” porque en este caso encontramos la excepción que confirma la regla. Sí, hay llamadas telefónicas desde cabinas fuera de servicio y almas en pena que buscan su redención, pero esta vez no hay secuestro y posterior ayuda de esas almas para escapar del captor, sino una investigación para entender el pasado. Además, Derrickson, viendo lo bien que funcionaban en pantalla los dos protagonistas del primer filme, Mason Thames y Madeleine McGraw, ha decidido darles mucha mayor cancha, sobre todo a la segunda, de tal forma que es ella la que soporta la mayor parte del metraje y casi todo el conflicto, todo un acierto viendo lo bien que actúa. Por supuesto regresa un irreconocible Ethan Hawke con su horrible y despiadado villano, demostrando que es capaz de encarnar con credibilidad a un personaje radicalmente distinto del que le dio la fama en la trilogía de películas románticas Antes de (Before, en inglés): Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013).

Y no solo vuelven los actores: Derrickson cuenta de nuevo con el guionista de la primera película, lo que se nota para bien, y entre ambos tejen una vibrante trama que profundiza en todo aquello que había quedado en el aire tras el final de la susodicha, de tal forma que ahora el lienzo es más amplio, de hecho la acción ya no se desarrolla en un triste sótano sino en todo un campamento aislado por la nieve, muy en la línea de El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980). También bebe enormemente de la saga Pesadilla en Elm Street para traernos un villano que va a hacer la vida imposible a un personaje en sus sueños y con consecuencias en el plano real. Decir más es desvelar sorpresas y por ahí no pasamos. Lo que sí podemos apuntar es que el metraje rodado como si fuera un VHS con defectos funciona a las mil maravillas, véase el primer ataque del villano a la protagonista, sensacional.

Y seguramente para que nadie le tache de blando, si en la primera había cierta cantidad de sangre pero muy limitada, aquí el director mete bastante más y además explícita, con algunos planos no aptos para estómagos sensibles.

Por cierto, que Derrickson se declara cristiano evangelista y sin miedo a mostrar su fe en la gran pantalla: hay crucifijos por todas partes y un personaje que, directamente, interpela a Jesús en busca de ayuda. Da gusto que un cineasta no tenga complejos en sacar su lado espiritual, el cual ya estaba presente en la primera entrega pero aquí va a mucho más, incluyendo una hermosa llamada a la trascendencia que se agradece enormemente. No se corta, y hace bien, en criticar a esos que se dicen y se las dan de cristianos pero que, a la hora de la verdad, no mueven un dedo por los demás en los momentos clave escudándose en vanas excusas.

En cuanto a los temas, muy bien tratados, entre otras cosas se nos habla de las dificultades para encajar tras haber pasado un durísimo trauma: se nos explica que este tipo de vivencias pueden marcar de por vida y no valen los “pasa página de una vez, ya son horas”, muchos requieren gran cantidad de tiempo. También hay reflexiones sobre las segundas oportunidades y que, si hay verdadera intención y fuerza de voluntad, se puede salir de la miseria y llevar una vida normal. Y por supuesto se nos anima a tratar los miedos en lugar de querer enterrarlos, de enfrentarnos a ellos cara a cara y no dejarnos llevar por la ira sin más, algo que lleva inevitablemente a la violencia.

Así que Black Phone 2 se suma a la lista de secuelas que, aun habiendo perdido el efecto sorpresa de la primera, logra superar a su predecesora precisamente por ofrecer algo distinto, tener mensajes francamente positivos, una visión de la religión muy buena y ampliar enormemente el lienzo. Resulta una mezcla de lo más interesante de miedo y thriller que gustará a los que disfrutasen con el primer filme.

Miguel Soria

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