Wicked: Parte II

Crítica

Público recomendado: +16

Desde la llegada de Internet, y más aún ahora con la Inteligencia Artificial, la verdad parece haberse vuelto confusa y abstracta. Incluso la democracia está amenazada, pues las estrategias políticas toman como prioridad la imagen de los candidatos en las redes sociales. La apariencia cobra un poder mucho mayor que la verdad. 

Pues bien, este es uno de los temas clave de esta película. Como dice el mago de Oz, ya no importa verificar los hechos sino darle al pueblo lo que ellos creen que está bien. Ya les adelanto que, según la saga de Wicked, el camino a la verdad es una experiencia, concretada en la amistad inesperada e interesante entre Glinda y Elphaba. Vamos por partes. 

En Wicked (2024) asistíamos al nacimiento moral de Elphaba (Cynthia Erivo) y la forja de su amistad con Glinda (Ariana Grande), ya tensada por el poder y la diferencia. Y ahora en Wicked: For Good (2025), la fábula se vuelve trágica: propaganda, persecución y destino separan a las amigas en bandos irreconciliables. El musical muta en parábola política donde la identidad de Elphaba y Glinda ya no se elige: se impone. Como esa verdad convertida en apariencia que decíamos al principio. 

La esperanza reside en la amistad entre Glinda y Elphaba, pues lo que viven va cambiándolas poco a poco. Será lo único estable sobre lo que poder crecer, la experiencia de su amistad. Como ellas mismas dicen en una canción: “No sé bien por qué nos hemos conocido, ni cómo ha sucedido todo”. Ellas perciben que su amistad les mejora, que es para algo bueno (como dice el título “For Good”). Dicho de otra forma, la verdad aflora en el camino de su amistad, en una relación. No es un tema moralista ni ideológico. Por eso, el punto de vista de dirección pivota entre Elphaba y Glinda.

Además, el origen de Elphaba, como fruto de una infidelidad, recuerda al origen de Remy, el ratón de Ratatouille. Da igual tu procedencia y tu pasado, cualquiera puede cocinar, diría el chef Auguste Gusteau de la película de Pixar. O, dicho de otra manera, de cualquier lugar puede venir un imprevisto que nos salve, nos ilumine y aporte algo de verdad. Aunque la película que nos ocupa es bastante ambiciosa y falla en algunos puntos, no cae en puritanismos, sino que está abierta a que el imprevisto y lo inesperado nos pueda mejorar. Imprevisto que en este caso se encarna en una amistad. 

Desde un punto de vista más técnico, la película muestra un ritmo desigual: algunas escenas y canciones alargan el metraje sin aportar desarrollo suficiente, mientras que decisiones importantes ocurren con rapidez. La división de la historia en dos películas, aunque necesaria, deja baches narrativos y subtramas poco exploradas. Además, varios de los números musicales añadidos en esta secuela no logran la misma fuerza emocional ni dramática que los de la primera parte, lo que atenúa el impacto general del film

Otro tema es lo que el filósofo Gianni Vattimo llamaría la aventura de la diferencia. Que Elphaba sea verde y despreciada por su padre, y que los animales del universo de Oz sean enjaulados y silenciados, pone de manifiesto el esfuerzo de esta historia por abrazar “lo diverso”. Desde un punto de vista moderno, vemos cómo los animales y lo diferente, también en términos de género (LGTBI), están integrados. Esto muestra que el film es deudor de una época como la nuestra. Aun así, resulta interesante cómo la relación de amistad está por encima de todo este ejercicio de etiquetación, digamos ideológico. De ahí, que las tramas secundarias se resuelven algo más apresuradamente, centrando el peso en la relación entre ellas. 

¿Cómo vivir en un mundo manipulado donde la verdad queda bajo toneladas de basura ideológica y virtual? Esto me evoca a la película de Superman, El hombre de Acero (2013), cuando el joven Clark descubre sus poderes sensoriales: lo veo todo, lo escucha todo. Se asusta tanto que se encierra en una habitación del colegio. Solo la voz de su madre servirá de vínculo sólido y estable para salir de esa habitación y reconciliarse con la realidad. En esta línea la amistad entre Glinda y Elphaba consigue ser ese terreno desde donde buscar la verdad de sí mismas y de lo que les rodea. 

En definitiva, una secuela que completa a su antecesora y pretende abrazarlo todo, tanto las inquietudes de la sociedad actual como un guion respetuoso con la trama de Dorothy, del clásico de El mago de Oz (1939). Eso sí, el género musical quizás espante a muchos espectadores, por ese cantar que parece interrumpir el ritmo de la historia. Sin embargo, les invito a recordar que la música es parte vital y esencial de nuestra vida. Desde las nanas de cuna, cantadas en los brazos de nuestros padres, a la rebeldía adolescente, que entre las letras de sus cantantes preferidos tratan de comprenderse… Además, tiene unos efectos especiales muy buenos y el metraje no es muy largo. 

Tal vez por eso Wicked no solo habla de brujas y canciones, sino de cómo, incluso en un mundo saturado de ruido e imágenes, solo los vínculos auténticos permiten reconocer la verdad. 

Carlos Aguilera Albesa

https://youtu.be/wweDnEbMvtY?si=By6e_7sxfEotYOT-

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