Crítica
Público recomendado: +16
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En el verano de 1959, Jean-Luc Godard, entonces un eminente crítico de la célebre revista Cahiers du Cinéma, iba por fin a poder dirigir su primer largometraje, aunque no a partir de un texto propio, sino de François Truffaut. Sin embargo, él iba a aprovechar exclusivamente la idea nuclear, porque Godard quería trabajar sin guion de rodaje, sólo con fichas en las que garabateaba cada mañana la guía de trabajo del día. Quería evitar que nada se ensayara, porque temía que las escenas quedaran encorsetadas; por el contrario, él quería fomentar la espontaneidad, la autenticidad y la libertad. Contrató sin dudarlo a la actriz norteamericana Jean Selberg y a un jovencísimo Jean-Paul Belmondo para encarnar a Patricia Franchini y a Michel Poiccard, los protagonistas de Al final de la escapada (À bout de souffle), una trágica historia de amor entre una estudiante y un bribón.
La película Nouvelle Vague es la historia de Jean-Luc Godard rodando Al final de la escapada, contada con el estilo y el espíritu de Jean-Luc Godard rodando Al final de la escapada.
El director, Richard Linklater, es un gran admirador de la Nueva Ola y en particular de las películas de Godard, pero no cae ni en la parodia ni en la hagiografía. El movimiento, que supuso verdaderamente una nueva y rejuvenecida ola que removió las arenas del cine, es como el marco que envuelve y da sentido a la trama de la película de Linklater: hay referencias al ‘cine de autor’, a la ‘cámara-estilográfica’, a la la colisión entre las nuevas ideas cinematográficas de los ‘cahieristas’ frente a los productores que no estaban dispuestos a correr riesgos…
Además, Linklater no se limita a narrar la historia del rodaje, sino que abre el objetivo para captar a muchas figuras emblemáticas de la Nueva Ola – como Claude Chabrol, Jean-Pierre Melville, Jacques Rivette…–, interpretadas por actores en su mayoría desconocidos, para evitar que el espectador se distraiga de lo esencial, y ha optado por los subtítulos al pie de cada figura para que sean rápidamente identificables. Dentro del buen trabajo actoral, hay que destacar a Guillaume Marbeck, a Zoey Deutch y a Aubry Dullin, interpretando A Jean-Luc Godard, Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo respectivamente.
Linklater alude al lema de los cineastas del movimiento, de repetir una escena un máximo de dos tomas porque si no “se vuelve mecánico y nos alejamos de la vida”, y, en un magnífico blanco y negro, reconstruye maravillosamente el proceso creativo y el caos que reinaba en los rodajes de Godard. Éste sólo podía rodar unas pocas horas al día (o no rodar nada) cuando no se sentía inspirado; para gran desesperación del productor, que veía cómo se esfumaba su dinero.
Richard Linklater hace ‘cine-dentro-del-cine’ con una película sobre un rodaje en la época de la Nueva Ola, y conviene recordar que una de las películas más emblemáticas del movimiento, La noche americana (François Truffaut, 1973), era también la historia de la realización de un film. De tal modo que, por un lado y por otro, el ambiente de la Nouvelle Vague envuelve el film de Linklater, además de prestarle el nombre.
La película mantiene el ritmo de principio a fin y nos permite saborear una serie de anécdotas sobre un momento de la historia del cine que se ha hecho mítico en la memoria colectiva. Al ampliar el encuadre de la simple reconstrucción del rodaje, la cámara nos ofrece un retrato deslumbrante de una generación que revolucionó el cine.
No es sólo un film para cinéfilos diletantes, sino para un público general, sin otro requisito que amar el cine y estar dispuesto a sumergirse en su realidad.
Mariángeles Almacellas
https://www.youtube.com/watch?v=Gtz8Z4AuCSk