No te olvidaré

Crítica

Público recomendado: +16

La historia, basada en una novela superventas de Colleen Hoover, autor de Romper el círculo y A pesar de ti y producida, no por casualidad, por su propio autor, sigue a Kenna, una mujer que, tras salir de prisión, intenta reconstruir el vínculo con su hija. El rechazo de quienes la rodean dibuja un conflicto con potencial, matizado únicamente por la figura del dueño de un bar, puente emocional entre pasado y futuro. Hasta ahí, la premisa funciona.

El problema es que se nota mucho el origen literario del material. No por una cuestión de calidad intrínseca, sino por esa estructura tan reconocible del bestseller: capítulos emocionales, giros medidos y subrayados musicales que anticipan cada paso. El guion no sorprende en ningún momento, los actores no transmiten toda la emotividad que deberían y la previsión de los acontecimientos se vuelve demasiado evidente.

La actriz protagonista, Maika Monroe (Longless, Resident Evil Requiem) cumple con lo que se espera, pero no emociona. Tiene presencia, expresividad y una fisicidad que encaja en el tono del relato, exactamente igual que él, Tyriq Withers (Sé lo que hicisteis el último verano, El mejor). Sin embargo, en los momentos más exigentes —el llanto, la contención, la desesperación— cae en una sobreactuación que rompe la verosimilitud emocional. No es un problema de capacidad, sino de dirección y de subrayado.

Visualmente, la película encuentra uno de sus mayores aciertos. Los paisajes, de una belleza casi hipnótica, evocan inevitablemente cierta estética de Crepúsculo: naturaleza envolvente, arraigo local, una atmósfera que mezcla lo íntimo con lo ligeramente gótico. En esa línea, los padres de Scotty (especialmente la madre) aportan un matiz estético interesante, como una suerte de Morticia contemporánea perdida en los montes americanos.

A su favor, hay que reconocerle ritmo. La narración fluye, encadena acciones y giros con eficacia, y consigue mantener el interés. Pero su mayor baza está en los valores que defiende: la familia, la redención, la reinserción. Kenna no solo busca a su hija; busca una segunda oportunidad. Escribe, recuerda, trabaja, intenta sostenerse. Hay ahí una voluntad de reconstrucción que conecta con el espectador.

Y, sin embargo, todo desemboca en ese final feliz tan previsible como forzado. Esa insistencia, tan frecuente en cierto cine estadounidense, por cerrar las heridas con una sonrisa acaba diluyendo el conflicto que la película había construido con cierto pulso. No te olvidaré cumple su objetivo y efectivamente, entretiene, pero francamente, es prescindible. 

Rosa Die Alcolea

https://www.youtube.com/watch?v=KAb3liJl3A0

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