Fleak

Crítica

Público recomendado: familiar

Lo normal es que las películas en formato animación traten temas livianos para no asustar o entristecer a los más pequeños, lo que es totalmente lógico, pero quizás a veces nos olvidemos de una cosa: los infantes también tienen que ver la realidad como es y afrontarla, hay que prepararlos para lo que puede deparar la vida. Fleak, de Jens Møller, es una coproducción entre Finlandia, Francia, Malasia y Polonia que viene a suplir esa carencia y lo hace bastante bien.

Thomas, un niño de 11 años, ve cómo su vida cambia para siempre tras un trágico accidente que le impide caminar. Cuando todo parece perdido, la aparición de Fleak, una pequeña, traviesa y peluda criatura llegada de otra dimensión, abre ante él la puerta a un universo extraordinario. Junto a su nuevo amigo, Thomas se adentra en un mundo fantástico donde redescubre su fuerza, su valentía y todo aquello de lo que todavía es capaz.

Møller lleva a la gran pantalla el inteligente guion escrito por Antti Haikala, Melli Maikkula, Ilja Rautsi y Teemu Auersalo exponiendo un problema que puede darse: la gestión de la discapacidad sufrida desde la juventud, sin duda un tema muy doloroso y especialmente delicado que, a pesar de todo, debe ser tratado ya que las desgracias surgen en la vida, y cuando ocurren, ¿cómo vamos a gestionarlas? Como explican sus creadores, el filme “tiene la intención de visibilizar un tema que no suele tratarse mucho en cine para peques”, y por eso implica una gran valentía.

El director, curtido en animación gracias a su trabajo en Lego Star Wars o Ninjago, usa la fantasía para introducir a Fleak, un simpático ser de otra dimensión que sirve de ayuda a Thomas a sobrellevar su reciente discapacidad física. Para ello emplea muy coloridos e imaginativos mundos y un ritmo muy adecuado, introduciendo reflexiones interesantes sobre la necesidad de la familia en estas situaciones y la práctica habitual de ejercicio para fortalecer los músculos. El mismo ejercicio que al principio puede producir frustración por la falta de resultados pero que, con tiempo, y persistencia, los da. También, y muy importante, habla la valentía necesaria para afrontar los propios miedos. De paso desmonta a esos jóvenes que se creen más “chulos” o “maduros” por, por ejemplo, ir en moto desde muy pronto, pero que, en realidad, tienen poco fondo y aún menos valentía a la hora de la verdad.

Pero no se quedan ahí y abordan un tema fundamental: los atajos en la consecución de los fines, siempre atractivos, pero no siempre adecuados, y muchas veces dejando consecuencias colaterales negativas. El mensaje es claro: lo que realmente vale la pena necesita esfuerzo, aunque el camino sea más largo y muy tedioso.

La animación es de alta calidad con momentos muy logrados como un par de viajes entre dimensiones y un tramo final bastante movido y divertido. En todo caso no es un filme perfecto ya que la parte menos lograda sea, seguramente, la referente a esa superficial creencia en “energías universales” que lo mueven todo, más propia de los filmes más recientes de James Cameron y sus criaturas digitales. También es mejorable la presencia de los padres, que se antoja más bien anecdótica a pesar de sus buenas intenciones, sobre todo él, demasiado ingenuo. En un drama como el vivido deberían ser los más presentes.

Aun con sus defectos Fleak supone una apuesta valiente por abordar un asunto muy espinoso con delicadeza y respeto pero sin ocultar la realidad. Es apta para todos los públicos aunque se recomienda que los padres la vean con sus hijos para poder explicarles todo lo necesario.

Miguel Soria

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