Crítica
Público recomendado: +18
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Viva es una película compleja, incómoda y profundamente contradictoria; es decir, muy parecida a la vida. Dirigida, protagonizada y coescrita por Aina Clotet (Barcelona, 1982), supone el debut en el largometraje de una creadora que ya había desarrollado una voz propia con el cortometraje Tiger y la serie Esto no es Suecia. En Cannes obtuvo el premio a la Mejor Interpretación Femenina.
La historia acompaña a una mujer que atraviesa una etapa decisiva de su vida mientras todo a su alrededor parece resquebrajarse. Viva pertenece a esas películas que invitan al espectador a descubrir por sí mismo sus heridas y revelaciones.
El mayor acierto del guion es la convivencia natural entre el drama y la comedia. El cáncer, la sequía o la fragilidad física se mezclan con un humor afilado y situaciones tan absurdas como incómodas. La protagonista recuerda por momentos a Alegría, de Inside Out: una mujer empeñada en seguir celebrando la vida cuando todo parece venirse abajo.
La puesta en escena transmite una energía contagiosa. Los colores, la música y el vértigo de algunas secuencias evocan el cine de Sean Baker, mientras ciertas escenas de intimidad recuerdan a Anora. Aunque algunas secuencias sexuales resultan excesivas y terminan siendo repetitivas, lo verdaderamente interesante no está ahí, sino en la necesidad de la protagonista de volver a sentirse viva y reconciliarse con su propio cuerpo tras la enfermedad.
La sequía funciona como un magnífico espejo del agotamiento interior del personaje, sin caer en la distopía. También los insectos, el sudor y el insomnio construyen una atmósfera que remite a Kafka y a una transformación inevitable. Pero el corazón de la película está en la madre. Cuando le dice: “Tengamos cuidado con la cicatriz; el sol todo lo quema”, parece advertirle del dolor. Sin embargo, Viva responde que también necesitamos ese sol que lo arrasa todo para distinguir lo esencial. Su dureza es, en realidad, una forma radical de amor.
La película habla de la vulnerabilidad y de la necesidad de aceptar nuestros límites. Hay una intuición profundamente cristiana en esa mirada: la plenitud no nace de esconder la fragilidad, sino de abrazarla. También merece un reconocimiento que Clotet muestre el cuerpo femenino con una honestidad poco habitual, lejos de cualquier idealización. Sin embargo, se explaya en demasiadas escenas de sexo, movidas por un deseo que busca saltarse las normas e ir a contracorriente, precisamente por esa necesidad de “sentirse viva”.
Como ocurrió con Sirât, Viva dividirá a los espectadores. Pero incluso quienes no entren en su propuesta difícilmente olvidarán la fuerza de sus imágenes, el extraordinario trabajo de Aina Clotet y un humor que aparece, precisamente, cuando la oscuridad parece haberlo ocupado todo.
Rosa Die Alcolea
https://www.youtube.com/watch?v=x1-o8o_4VVQ