Los últimos días de María Antonieta

Critica

Público recomendado: mayores 18

Los últimos días de María Antonieta (Le Déluge) es una película dramática e histórica dirigida por Gianluca Jodice. Narra los últimos días sórdidos y llenos de padecimientos de los reyes de Francia antes de acabar en la guillotinade la familia real en 1793, cuando Luis XVI y María Antonieta fueron arrestados tras el triunfo de la Revolución Francesa y encarcelados en la Torre del Temple.

Guillaume Canet (Luis XVI) y Mélanie Laurent (María Antonieta) son los protagonistas de la caída del Antiguo Régimen monárquico, dividida en tres partes, cuyos respectivos títulos —«Los dioses», «Los hombres», «Los muertos»— sintetizan a la perfección el proceso de histórico hundimiento y atropello “forzado” y trágico, que dará paso a un nuevo orden.

Muestra a una familia real lejos de su vida de opulencia, vulnerable y aislada mientras esperan su histórico destino y juicio en la guillotina, una vez estime el pueblo que la monarquía está extinguida. Todo sucede en la llamada Torre del Temple, compuesta de dos edificios: la residencia palaciega construida en el siglo XVII, en una de cuyas salas fueron alojados temporalmente la familia real y sus acompañantes —sin camas ni privacidad alguna—, y la torre medieval propiamente dicha, cuyas muy deterioradas estancias sirvieron de calabozos para Luis XVI —separado de su familia—, María Antonieta y sus dos hijos —Luis, el delfín, y María Teresa—, y un cortejo reducido al mínimo. Solo permanecieron con ellos la hermana del monarca, Madame Isabel, y Jean-Baptiste Cléry, el secretario personal del rey y ayuda de cámara, que permaneció a su lado hasta su ejecución.

La película está basada en los diarios de Cléry y consigue plasmar con realismo, inteligencia y agudeza la agónica y terrible espera. Tal como le dice al rey uno de los revolucionarios que se dispone a juzgarlo: «Ustedes no son personas de carne y hueso, son símbolos, y para el nacimiento de un nuevo orden debe haber un sacrificio de sangre».

En los meses de incertidumbre y humillación últimos que vivieron, se retrata a Luis XVI  de forma conmovedora, interpretado por el también cineasta Guillaume Canet, en el que es presentado según el perfil del que dejaron constancia los testimonios de la época: un hombre sin mucho carácter, bondadoso, aficionado a reparar relojes, incapaz de procesar la situación en la que se encuentra y empeñado en agarrarse a falsas esperanzas, hasta que acaba asumiendo la cruda realidad de su situación.

El simbolismo adjudicado al Rey en esos tiempos, con poderes taumatúrgicos, o la legitimidad dinástica, o los privilegios, pasan automáticamente a otra época, dinamitando todo lo anterior, e imponiendo un concepto de igualdad incomprensible para ellos con el advenimiento de un nuevo y sangriento régimen.

María Antonieta, una verosímil y realista Mélanie Laurent, muestra en este largometraje una personalidad muy diferente a la adolescente empolvada y de peinados imposibles, devoradora de pastelitos, que retrató Sofia Coppola. Aparece como una mujer con una visión clara sobre la inminente hecatombe, y acepta humillaciones y vejaciones: el Rey nunca sabrá que la mejora de las condiciones del cautiverio no se debe a la bondad de los revolucionarios ni es una señal esperanzadora de que el juicio acabará bien para él, sino fruto del sacrificio de su esposa. La relación entre ambos, con sus muy diferentes personalidades, se muestra de manera convincente.

Bastó menos de una hora para que el jurado emitiera su veredicto. Sin secretos, sin deliberaciones a puerta cerrada. En la Francia revolucionaria, todos sabían quién había votado qué. Mientras condenaban a María Antonieta, esos hombres aún no sabían que muchos de ellos correrían pronto la misma suerte… La opinión pública cambiaba como el viento, y el juicio de la Reina solo fue el primero de una larga y sangrienta serie de procesos políticos durante el Terror. Apenas un mes después, 21 diputados girondinos serían juzgados en un proceso aún más brutal, donde ni siquiera se fingía respetar la legalidad, en sucesivas y crecientes oleadas de caos.

El pueblo que aparece en el largometraje es sucio y zafio. Por otra parte, se suavizan episodios como el destino de Madame de Lamballe, la dama de compañía más querida de María Antonieta, a la que sacaron de la torre a los pocos días, siendo asesinada y decapitada de la manera más inhumana, finalmente exhibida en una picota.

Asistimos a la ejecución del Rey el 21 de enero de 1793, aunque no vemos la de María Antonieta ni los terribles e inhumanos padecimientos del delfín, que fue encomendado al siniestro zapatero Antoine Simon, sometiéndolo a espeluznantes torturas físicas y psíquicas, hasta que con diez años enloqueció y murió entre terribles sufrimientos. Testimoniado por uno de los guardias, lo describió como «un cadáver que respiraba». Su hermana después de tres años en esa prisión, fue intercambiada por unos prisioneros y enviada a Viena, siendo la única superviviente.

La Revolución francesa es celebrada porque de ella nace en buena medida el mundo moderno. Pero conviene no olvidar que de ella también surgieron Robespierre, el Terror y después Napoleón. Como sentencia, en la escena final, uno de los miembros del comité revolucionario que ha condenado al rey, al ver pasar al cortejo que lo conduce a la guillotina: «La bondad que predicamos no hemos sido capaces de aplicarla en este caso. Pero la historia será indulgente con nosotros».

La película, aunque llega su estreno con retraso desde 2024, fue presentada en el Festival de Locarno y ganadora de tres premios David de Donatello.

María Molina

Tráiler: https://www.dailymotion.com/video/x9b8ryw

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