Coyote vs. Acme

Crítica

Público recomendado: familiar

Por fin ha llegado a los cines una película que parecía condenada, muy injustamente, al ostracismo, por culpa de absurdas decisiones en la cúpula de la Warner Bros., empresa que parece que últimamente solo acierta al poner audio de mejor calidad en español en el formato físico. Todo lo que no sea eso son palos de ciego, y la crítica y público lo van demostrando, como la renuncia a estrenar Looney Tunes. El día que la Tierra explotó (Peter Browngardt, 2024), la cancelación de la saga de Liga de la Justicia sin sus actores ya consagrados y con extraños reinicios o grandes fiascos como Supergirl (Craig Gillespie, 2026). La empresa decidió cancelar la que nos ocupa y ocultarla hasta que llegó Ketchup Entertainment, la compró (también lo hizo con Looney Tunes. El día que la Tierra explotó) y la distribuye en cines españoles Beta Fiction, todo un acierto visto el resultado final, y una gran lección para Warner, aunque seguramente ponga mirada altiva y no aprenda absolutamente nada. Está como para aceptar lecciones…

Harto de que los productos Acme le fallen una y otra vez en su incansable persecución del Correcaminos, el Coyote decide contratar a un abogado de poca monta para demandar a la Corporación Acme.

Es increíble el “haz lo que digo, no lo que hago” de Warner porque resulta que la película va precisamente de eso: criticar a las grandes corporaciones por querer enmarañar los casos reales e intentar sepultar bajo ingentes cantidades de papeleo los problemas importantes, dándoles la espalda y poniendo excusas a cada cual más delirante. La empresa dueña de los Looney Tunes dijo que cancelaba la exhibición del filme para conseguir descuentos fiscales, ni siquiera se dignó a subirla a su portal HBO Max. Libres son para equivocarse, pero ahora llegan los lloros: la película está siendo un éxito rotundo y sus ganancias para Ketchup son mayores que las desgravaciones fiscales que ha logrado Warner. Como se suele decir, tienen al enemigo en casa, “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”.

En fin, que la película es tan buena como dijeron sus responsables desde el principio, la mezcla de imagen real y animación es, sencillamente, perfecta, teniendo como referencia a la obra maestra ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1998) y similares como Space Jam (Joe Pytka, 1996), Space Jam: Nuevas leyendas (Malcolm D. Lee, 2021) o Looney Tunes: De nuevo en acción (Joe Dante, Eric Goldberg, 2003). A todas supera en nivel de integración y en calidad de libreto, escrito por Samy Burch y Ian Frazier basándose en una historia de James Gunn, Jeremy Slater y el mismo Samy Burch. Han tejido una historia muy divertida e interesante que da una agradecidísima vuelta de tuerca a Coyote: ¿y si en vez de verdugo fuera una víctima?, ¿y si esas incansables persecuciones fueran, en realidad, la base de algo inesperado? Y, de paso, habla sobre el éxito desmedido, el fracaso y la posibilidad de la redención, así como de la responsabilidad y la amistad, además de una rivalidad bien entendida.

El director, que ya mezcló animación e imagen real en Ninja Turtles: Fuera de las sombras (2016) pero ni de lejos con la misma calidad en todos los niveles, consigue un metraje que no para ni un momento, sin bajones y sin que los Looney resulten cansinos por sus locuras. Todo lo contrario, el humor y el drama están perfectamente medidos, incluyendo insertos de animación clásica, la de toda la vida, entremezclándola con una actualizada y CGI que no suponen ninguna traición para unos dibujos a los que conocemos desde hace décadas.

Todo el plantel de actores está perfecto, pero destacan Will Forte como abogado de medio pelo fracasado, Lana Condor como becaria ansiosa de trabajar y con grandes ideas, y John Cena como abogado altivo sin principios. Todos ellos se creen sus papeles y tratan a los “dibus” como a iguales, clave del éxito de la citada perfecta integración. Quizás se echa en falta mayor presencia de algunos Looney, aunque también es verdad que la película se llama Coyote vs. Acme por algo, los otros tienen otros filmes en los que ya se lucieron y Coyote siempre ha merecido un poco más. Para redondear el resultado, las voces elegidas mezclan actores de doblaje de Madrid y Barcelona para que nada chirríe.

Solo desde la miopía más absoluta y el orgullo mal entendido y más desmedido se puede entender que Warner Bros. reniegue de una película que, precisamente, reivindica valores positivos y un entretenimiento que se supone que eran los buques insignia de la empresa. Solo cabe aplaudir a Ketchup y a Beta por darle la oportunidad que se merecía a una película fantástica para todos los públicos. Vayan a verla al cine, no se arrepentirán. Y eso es todo, amigos.

Miguel Soria

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