En el corazón de la bestia

Crítica

Público recomendado: +16

El director David Ayer vuelve a trabajar con Brad Pitt tras los buenos resultados cosechados en Corazones de acero en 2014, pero esta vez dándole todo el protagonismo posible y acercándonos un sufrimiento casi sobrehumano. Bienvenidos a 101 minutos de una intensidad fuera de lo normal.

Tras sobrevivir a un brutal accidente aéreo, un oficial de Fuerzas Especiales y su perro de combate quedan atrapados en el corazón indomable de Alaska. Frente a una naturaleza implacable, ambos deberán luchar al límite por sobrevivir.

Ayer se ha propuesto hacer que vivamos de la forma más cercana y visceral posible lo que vive James, nuestro protagonista, y a fe nuestra que lo consigue con creces. La cámara casi nunca se separa de él y de su fiel perro, de tal forma que queda claro que ambos protagonizan la cinta, y que ambos se necesitan mutuamente no solo para sobrevivir, sino para vivir su día a día. De hecho ese es el mensaje de la película, y bien claro lo dejan los mensajes previos a los títulos de crédito: que estos animales se convierten en esenciales para los soldados. Quizás no hacía falta remarcarlo tanto en una época en la que hay más mascotas que hijos (ya se les conoce como “perrijos” y “gatijos”), pero no viene mal recordar que sí, que son muy útiles en combate y que muchos son un soporte emocional para sus dueños.

Acierta de lleno Ayer contando con la fotografía de Jared Michael Fry ya que establece una sensacional dualidad de imágenes: por un lado, la exuberante belleza de los parajes de Alaska, pero luego llega la otra cara de la moneda, que es que la naturaleza puede ser tan bella como peligrosa y descarnada, de ahí que sea esencial ir preparados para cualquier eventualidad, tanto mental como físicamente. No es ir de excursión sin más, es llevar todo el equipo necesario para lo que pueda surgir.

El director rueda 101 minutos de secuencias muy bien llevadas y un montaje tremendamente ágil acompañado de un siempre solvente Brad Pitt del que a estas alturas nadie duda que puede llevar el peso dramático de cualquier película por larga que sea, tablas y carisma le sobran. Esta vez no es el guaperas de turno que quiere robar un casino y salir indemne, sino una persona de cierta edad peinando canas, con mucho dolor vivido y secuelas psicológicas. Es un él versus todo lo que le rodea. No está de más acompañarle con un actor de la talla de J.K. Simmons aunque su presencia es mínima. Lo que quizás no eran tan necesarios eran tantos flashbacks de las misiones de James, pero ayuda a mostrar el intenso estrés postraumático tanto suyo como del perro, dejando claro que los soldados viven situaciones extremas que les marcan de maneras que los civiles no podemos ni imaginar y poniendo en valor sus misiones.

Hay momentos realmente logrados como el que tiene lugar con un oso, otro con unos lobos y otro en un puente y en el agua. Quizás desluce un poco el resultado un CGI que podría ser mejor, pero a nivel dramático y emocional es sensacional.

Lo que es importante destacar es que el filme muestra a unos protagonistas que se apoyan uno en el otro y que, pase lo que pase, quieren seguir adelante, tienen ganas de vivir y, aun con golpes, roturas y desesperación, no cejan en su empeño. Incluso se abre una pequeña puerta a la trascendencia al hablar explícitamente del alma, una pena que no se profundice en ese aspecto, pero hay que reconocer que no es una película destinada a ello sino a mostrar cómo dos compañeros de batalla desean vivir hasta el final y se apoyan sin fisuras.

Durísima visualmente, aunque nunca explícita ni desagradable, En el corazón de la bestia es un drama de supervivencia con un perfecto Brad Pitt que nunca aburre y en varios momentos emociona. No habría venido una capa más de la profundidad trascendental a la que parecía apuntar pero el resultado es más que aceptable, eso sí, no apta para menores por la crudeza en todo momento.

Miguel Soria

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