Crítica
Público recomendado: +16
En Los niños están bien (2025), Nathan Ambrosioni nos presenta a Suzanne (Juliette Armanet), que una noche de verano aparece por sorpresa en casa de su hermana Jeanne (Camille Cottin) con sus dos hijos, Gaspard, de 9 años, y Margot, de 6. Jeanne vive sola y llevaba meses sin tener noticias de Suzanne, por lo que esta visita le desconcierta. La sorpresa es aún mayor al día siguiente, cuando descubre que su hermana se ha marchado mientras todos dormían, dejándola al cuidado de sus sobrinos sin saber qué ha ocurrido ni cuándo volverá.
Ambrosioni cuenta esta historia sin juzgar a sus personajes. Destaca Manòah Varvat en el papel de Gaspard, que transmite el sufrimiento de un hijo que no sabe expresar bien lo que siente y que no entiende por qué su madre se ha ido, hasta el punto de plantearse si él y su hermana son responsables de su huida.
También cabe destacar la interpretación de Camille Cottin como Jeanne, una mujer reservada, centrada en su trabajo y poco acostumbrada a mostrar sus emociones. Al principio parece fría, pero, a medida que avanza la historia, se comprende mejor su forma de ser y las experiencias que han influido en ella. Jeanne debe reorganizar su vida de un día para otro y asumir un papel para el que no estaba preparada, mientras intenta entender la decisión de su hermana y averiguar qué la ha llevado a marcharse.
La película también aborda la deficiente respuesta institucional ante situaciones familiares tan complejas. Cuando Jeanne acude a la policía para denunciar la desaparición de su hermana, le comunican que no van a buscarla, ya que Suzanne ha dejado una nota en la que expresa su voluntad de abandonar a los niños. La negativa de la policía deja a Jeanne aún más desprotegida y sola ante unas circunstancias que no sabe cómo afrontar.
El ritmo acaba pesando en el conjunto, algunas escenas se alargan más de lo necesario y hacen que la historia avance demasiado despacio. El director opta por transmitir el dolor a través de silencios, gestos y emociones contenidas, sin recurrir a grandes catarsis dramáticas. Esta forma de contar la historia encaja con el tono de la película, aunque no siempre consigue mantener el interés.
El desenlace mantiene la sobriedad que recorre toda la película, dejando una sensación de incertidumbre que apenas da paso a la esperanza. Además, aunque a lo largo del metraje se plantean interrogantes sobre la decisión de Suzanne, no se profundiza en sus motivos, lo que dificulta comprender su actitud y deja en el aire el futuro de los pequeños.
A pesar de ello, Los niños están bien es un drama de calado humano que aborda cuestiones como la ausencia, los vínculos familiares, el amor y el cuidado de los demás cuando la vida nos coloca en una situación que no hemos elegido. También muestra cómo las decisiones de los adultos afectan gravemente a la vida de los niños, quienes tienen menos herramientas para comprender lo que ocurre y enfrentarse a sus consecuencias.
La película recibió el Premio del Público de la Sección Oficial Mosaico en el Festival de Málaga y los galardones a la mejor dirección y de la crítica internacional (FIPRESCI) en el Festival de Karlovy Vary.
Larissa I. López