La Oveja Shaun: Misión calabaza

Crítica

Público recomendado: familiar

Aardman Animations quizás no tenga el renombre de Pixar o DreamWorks y sus películas no tengan la repercusión de Toy Story o Shrek, pero goza de una calidad de guion y animación magnífica. Para fortuna de todos ha vuelto con La Oveja Shaun: Misión calabaza, un especial Halloween que funciona como un reloj.

Los habitantes de la granja Mossy Bottom esperan con ilusión Halloween, hasta que el torpe Granjero destroza accidentalmente el querido huerto de calabazas del rebaño. Cuando Shaun decide convertirse en un científico loco para arreglar el problema, la situación se complica rápidamente. Con el Granjero desaparecido y una bestia salvaje merodeando por los bosques de Mossingham, todo está listo para vivir una aventura familiar monstruosamente divertida.

Considero esencial, antes de la crítica, dejar claro que en España tiene poco sentido celebrar Halloween cuando tenemos, justo después, el Día de los Santos Inocentes. Este país, de tradición cristiana y católica, no necesita una fiesta extranjera que celebre la muerte, todo lo contrario, podemos festejar un día patrio que incide en la Vida y la Resurrección, la victoria de Jesucristo sobre la muerte y la llamada a la trascendencia, por ello Halloween se respeta pero personalmente no se comparte y ni mucho menos se celebra de ninguna forma.

Y aun así hay que reconocer que, aunque La Oveja Shaun: Misión calabaza intenta aprovechar Halloween 2026 (algo lógico, sus creadores son americanos), ofrece mucho más que solo vampiros, murciélagos y terror. Los directores Steve Cox y Matthew Walker y los guionistas Mark Burton y Giles Pilbrow aciertan al proponer un espectáculo tan divertido para niños como para adultos, asumiendo que todos tienen derecho a pasar un buen rato y metiendo bromas y guiños sin parar logrando que ninguno desentone. Las risas están aseguradas.

Fieles al estilo de Aardman Animations se usa la técnica del stop-motion, es decir, aparentar el movimiento de objetos estáticos mediante la sucesión de imágenes fijas fotografiadas una a una. Y sí, es una auténtica locura y un esfuerzo titánico hacer cine así y más aún hacerlo de una calidad tan sublime como Aardman. ¿Y el más difícil todavía? No hay un solo diálogo, todos son sonidos que, a veces, se parecen más o menos a palabras, pero todo es cine mudo basado en miradas y movimientos, es decir, al más puro estilo Chaplin. Todo un “don’t tell me, show me” que se dice en el cine.

Los 90 minutos se pasan volando gracias a una acción frenética que no para y que aprovecha al máximo los poquísimos escenarios sobre los que transcurre y los locos personajes que vemos, además de los objetos sobre los que hace énfasis (sublime la broma sobre el calcetín maloliente). Y nuevamente es un acierto mostrar a una Oveja Shaun muy lista pero no infalible, dejando que a veces sean sus amigos los que la hagan darse cuenta de que se equivoca pero ayudando a solucionarlo.

Por desgracia la película se ve empañada por una estúpida aunque breve concesión a la ideología LGTB (y sus interminables y agotadoras siglas) con la aparición de dos novias vestidas de boda. Puede que para los niños pase casi inadvertido, pero los padres deben saber que están ahí.

En todo caso se trata de una película muy divertida que pueden disfrutar padres e hijos juntos y todos se reirán de las ocurrencias y aventuras de Shaun y compañía. Ojalá la próxima aventura de la Oveja Shaun no tarde en llegar y, a poder ser, sin tontadas woke.

Miguel Soria

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