Crítica
Público recomendado: +16

Fundación se sigue confirmando como una de las grandes series de los últimos años, pieza indispensable de la ciencia ficción contemporánea y una auténtica delicia que sigue creciendo a nivel narrativo y audiovisual. La tercera temporada llega a mediados de julio de 2025 con el mismo rango de lo que yo considero una gran obra del formato televisivo: densa, profunda y atractiva. Por motivos obvios, el showrunner David S. Goyer continúa trasladando la vasta saga del ilustre Isaac Asimov, tantas veces tildada de inadaptable. La monumental producción cuenta con Robyn Asimov y Josh Friedman; el reparto se eleva gracias a Jared Harris como Hari Seldon, Lee Pace encarnando al emperador Cleon, Lou Llobell siendo Gaal Dornick, y Laura Birn vistiendo a Demerzel.
Para esta temporada nos situamos aproximadamente siglo y medio después de los eventos de la segunda, tocando de lleno uno de los momentos más delicados de la Fundación, ya convertida en una fuerza política y religiosa de primer orden, lejos de aquel germen inestable. Este nuevo estatus contrasta con el progresivo deterioro del Imperio Cleónico, ya más próximo al colapso. Sin embargo, como villano ahora aparecerá La Mula, un misterioso y poderoso líder bélico con poderes telepáticos que busca someter a sus dos rivales más fuertes. Asistimos, en diez capítulos, a un verdadero despliegue de conspiraciones, traiciones, alianzas y giros argumentales de altísimo nivel.
Vayamos con uno de los apartados más escandalosamente valiosos de la serie: unas cotas estéticas y formales de ensueño. Fundación es visualmente impepinable; no escatima en detalles, tanto para lo íntimo como para lo grandilocuente: desde la mastodóntica arquitectura hasta los efectos dignos de cualquier producción cinematográfica de primera categoría, pasando por un diseño de vestuario calculado con mimo, un vaivén de futurismo y tradición que es la delicia de cualquier espectador. Lo fascinante de todo esto es cómo las decisiones narrativas alegorizan al mismo autor; los guionistas saben dar sentido al contenido y al continente en cada secuencia, da igual que te enfrentes a un combate espacial o a un ritual imperial, no importa si estás viendo un diálogo denso sobre existencialismo o una mirada incisiva que lo dice todo. En la misma línea, la fotografía alterna la gama cromática según el estado de ánimo de los protagonistas, y la apoteósica música de Bear McCreary acompaña cada momento.
Si atendemos al guion de Fundación, podemos observar la misma estructura coral y fragmentada de otras temporadas, cohesionada a partir de saltos temporales y personajes que atestiguan el paso del tiempo bajo la lupa de las crisis predichas por Hari Seldon. Sin embargo, la serie no hace difícil entrar en su gran complejidad; te facilita el entendimiento gracias a su riqueza argumental en un relato perfectamente conectado. Asimismo, debemos sumar a este bello y sinuoso collage la inabarcable abundancia filosófica, política, moral y social: un inaudito repertorio que cuestiona innumerables esferas humanas a la luz de la psicohistoria.
Del mismo modo, la obra plantea interrogantes alrededor de la religión, tantas veces instrumentalizada para el control de masas y, en tantas ocasiones, único hogar para quien está perdido en su vacío existencial. También se interrogan el bien mayor, las bajas pasiones, la ética en el dilema, el sacrificio y la esperanza, o la dignidad humana frente a la barbarie. A modo de conclusión, podemos decir que Fundación es, en su tercera temporada, la misma apuesta radical por retar al televidente: una invitación a perderse en su complejidad narrativa y argumental, insondable belleza visual y absoluta profundidad temática. No es fácil, pero sí del todo estimulante y diferencial.

Licenciado en Periodismo, Máster en Comunicación y Branding Digital, Máster en Matrimonio y Familia y Máster en la Unión Europea. Apasionado comunicador y crítico de cine, personalista practicante y absoluto seguidor del séptimo arte más reflexivo. Cada película es una ventana hacia nuevas perspectivas y emociones, no subestimemos las historias que retan nuestro acomodo mental.