28 años después: El templo de los huesos

Crítica

Público recomendado: +18

Solo siete meses después del estreno de 28 años después (Danny Boyle) nos llega su secuela llevando por sobrenombre El templo de los huesos, dejando bien claro dónde se va a centrar gran parte de la acción. Abandona la dirección Boyle para ejercer de productor, y en la silla se sienta Nia DaCosta, directora poco conocida pero que tiene en su haber dos filmes: Candyman (2021) y la pésima The Marvels (2023). El guion vuelve a ser de Alex Garland.

En la continuación de esta épica historia, el Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como lo conocen, y el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O’Connell) se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar. En el mundo de ‘El templo de los huesos’, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia: la inhumanidad de los supervivientes puede ser aún más extraña y aterradora.

Vaya por delante la advertencia: esta NO es una película adecuada para llevar a menores de 18 años al cine ya que el nivel de violencia es muy alto y el ejemplo para ellos es pésimo. Esto se dice porque el humilde crítico que escribe estas líneas ha observado atónito y horrorizado cómo una mujer adulta ha llevado, orgullosamente, a una niña de unos 12 años al cine a verla como si nada, de hecho incluso sacándose autofotos sonriendo. Después la culpa de la tendencia a la violencia de los menores será atribuida a los videojuegos y habrá cero capacidad de autocrítica por parte de los adultos, claro que sí.

Centrándonos ya en la película, a nivel trama es poca cosa: apenas unos pocos escenarios para relatar cómo Spike (Alfie Williams), el joven protagonista de la anterior película, intenta sobrevivir con sus nuevos “compañeros”, una pequeña secta liderada por Jimmy Crystal (Jack O’Connell), y cómo el doctor Kelson (Ralph Fiennes) trata al Alfa de los infectados para intentar curarle. DaCosta y Garland aprovechan para volver a mostrar que los sanos pueden ser mucho más peligrosos que los infectados, sobre todo cuando el poder vicia las mentes y una visión equivocada de la religión nubla por completo el juicio. Y es aún peor cuando los acólitos muestran cero ganas y habilidad para pensar por sí mismos.

Y lo cierto es que toda la película está llena de referencias religiosas, la pena es lo cargante y hartante que resulta todo lo relacionado con la pequeña secta de Jimmy Crystal y sus “dedos”, muy reiterativa y sin apenas avance en todo el metraje salvo al final, junto a una desmedida violencia que nada aporta. La sangrienta parte del granero sería una versión alternativa y muy pobre de la vista en Depredador (John McTiernan, 1987). Mucho más interesante es todo lo referente al doctor Kelson, como siempre fantástico Ralph Fiennes, y sus investigaciones sobre el gigantesco Sansón (otra referencia bíblica, esta vez para bien). En esa parte sí hay historia que contar y ojalá se desarrolle mucho más en la futura tercera entrega. Por dar un aporte positivo más, una bonita apuesta por la vida que está por llegar y que se pone en valor protegiéndola.

Hay también referencias a la cultura popular como a los insufribles Teletubbies o estupendas canciones de Duran Duran e Iron Maiden (con una espectacular coreografía, sin duda de lo mejor de la película), y un recuerdo a la seguridad que nos brinda la época que vivimos junto a un aviso de lo rápido que se puede desestabilizar todo: “Los cimientos parecían inquebrantables…”, recuerda el doctor. Nuevamente la pena es el durísimo lenguaje con dos blasfemias innecesarias.

Así que tenemos una película de una escala mucho menor que sus antecesoras pero más centrada en historias particulares, aunque es una pena que no avance demasiado y que ofrezca una visión tan pobre de la religión. Por ello y por su extrema violencia solo es para fans de la saga que sean mayores de edad con estómago muy resistente. La tercera entrega está programada para 2027.

Miguel Soria

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