A la deriva


Crítica

Público recomendado: +12

Jia Zhang-Ke es junto a Wong kar wai, Zhang Yimou y Wang Bing uno de los cineastas chinos más interesantes del último cuarto de siglo.
Su trabajo es numeroso y variado en la forma (cortometrajes, mediometrajes, documentales, largometrajes de ficción), pero homogéneo en el contenido. Podemos decir que el tema de sus películas es siempre el mismo: China y sus transformaciones. Este amplio asunto siempre se plantea desde los ojos de unos personajes que viven los avatares históricos del gigante asiático buscando amar y ser amados.

En A la deriva, que por momentos parece la versión china de Russia 1985-1999: TraumaZone de Adam Curtis, Qiao Qiao (la protagonista, interpretada por Zhao Tao, mujer del director, que fue elegida como la octava mejor actriz en la lista de mejores actores del s. XXI realizada por “The New York Times” en 2020) va en busca de su pareja, Guao Bin (Li Zhubin), que ha partido de Datong a principios del s. XXI para intentar labrarse un futuro en otro lugar.

La película muestra –en, con y por esta búsqueda- las grandes transformaciones de la sociedad china en pleno desarrollismo, desde la elección de Pekín como sede olímpica en 2001, hasta las consecuencias del COVID-19 en 2022., pasando por la construcción de la presa de las Tres Gargantas, la obra más cara de la historia (que ya era el contexto elegido por el director en su notabilísima película Still life), y el cristianismo como factor a tener en cuenta en la sociedad china.

En este tiempo, Qiao Qiao y Guao Bin se separan, se buscan y se reencuentran en una sociedad que va transformándose en las manos de una curiosa combinación de las directrices quinquenales del partido comunista chino y las veleidades del capitalismo más atroz.
Parece que no queda mucho que hacer o esperar cuando el reencuentro se hace realidad (por cierto, en el lugar de origen, como toda buena odisea). Los rostros son irreconocibles –las mascarillas son omnipresentes-, y cuando por fin salen a la luz, los únicos interlocutores capaces de hacer un diagnóstico emocional de los mismos son robots, que lo mismo citan a la madre Teresa (desconocemos si el partido tendrá que tomar cartas en el asunto con el programador) como a Mark Twain, siempre y cuando sirva para reactivar un cuerpo al servicio de la productividad de no se sabe muy bien qué en un país que “avanza” hacia no se sabe muy bien dónde. 

Alejandro Matesanz

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