Crítica
Público recomendado: +18
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El choque de las distintas personalidades en pantalla siempre ha funcionado muy bien, es decir, dos personajes radicalmente distintos que buscan un fin común. Es la base de películas de todo tipo, desde Arma Letal a Shrek, y ahora sumamos A real pain, que mezcla drama y comedia, y es el segundo filme de su director, el actor Jessie Eisenberg.
Dos primos muy diferentes, David (Jessie Einsenberg) y Benji (Kieran Culkin), se reúnen en un viaje por Polonia para honrar a su querida abuela. La aventura da un giro cuando las viejas tensiones entre ellos resurgen con el telón de fondo de su historia familiar.
Ya lleva varios Globos de Oro y su camino de premios puede seguir aumentando, pero personalmente creo que es algo exagerado encumbrar tanto una obra como esta. Desde luego, es de recibo reconocer que está muy bien rodada y protagonizada. En lo primero, se saca mucho partido de las distintas ubicaciones en las que se ha rodado, y tiene momentos muy interesantes como la foto con las esculturas de los soldados, el viaje en tren con sus pillerías o la visita a un campo de concentración, realmente bien llevado y con la seriedad necesaria. En lo segundo, se nota que tanto Eisenberg como Culkin disfrutan con sus personajes metiéndose en su piel. Están muy bien perfilados y se hacen creíbles, haciéndonos partícipes de los dolores internos que cada uno lleva dentro.
Pero aquí acaban las bondades y comienzan los contras. Para empezar, lastra el resultado la continua necesidad de expresarse con blasfemias, habiendo tantas palabrotas no tan ofensivas que se pueden usar. Para continuar, ¿soy al único al que realmente le molesta que los personajes se sinceren solamente cuando, literalmente, se ponen a fumar porros? Y no hay ningún plano, escena o secuencia en el que se vea que la adicción a la droga es mala, de hecho, al contrario, se da la impresión de que lo mejor para sincerarse y ser uno mismo es eso, la droga, a poder ser en la azotea de un edificio. Ver para creer.
Entonces tenemos una ‘road movie’ (película de viaje) con mezcla de ‘buddy movie’ (película de compañeros) que intenta reflexionar sobre el verdadero dolor (de ahí el título) que los protagonistas llevan dentro, pero con personajes muy planos y que ni cambian ni maduran. Es verdad que uno de ellos, en su forma de ser extrovertida, logra hacer sonreír a los demás, pero luego se hace trampas al solitario cuando critica que la gente disfrute de la visita a la historia.
¿Es malo viajar en primera clase haciendo el mismo recorrido que hicieron otros cuya vida y viaje fue terrible?, ¿es tan malo que un guía dé explicaciones a los turistas sobre el sitio en el que están?, ¿es tan horriblemente malo sentirse bien y ser feliz, aunque el mundo esté lleno de atrocidades? Parece que, como hay sufrimiento en el mundo, tenemos que estar tristes y deprimidos “en solidaridad” hacia los que sufren, la alegría está de más. Los mensajes acaban siendo contradictorios y al final uno no tiene claro a qué nos quiere llevar Eisenberg, a quien se le da mejor dirigir y protagonizar que escribir.
Queda así una película solo para mayores de edad, con algunas interesantes reflexiones, momentos simpáticos y otros dramáticos logrados pero muy lastrada por evidentes problemas de guion y una apología de las drogas que no ayuda precisamente a mandar un mensaje positivo.
Miguel Soria