Aída y vuelta 

Crítica

Público recomendado: +13 años

Vivimos tiempos en los que la nostalgia está muy presente en el día a día de la gente. En el día a día de cualquiera, de hecho. El regreso de bandas como Oasis y La Oreja de Van Gogh, o la vuelta a los escaparates de prendas como el cárdigan, son fenómenos que no hacen sino poner de manifiesto que rentabilizar la nostalgia es un negocio altamente lucrativo. La gente quiere escuchar la música de antes, vestir como antes, hacer fotografías como se hacían antes, e incluso, vivir como se vivía antes. 

El cine y la televisión no han sido ajenos a la capitalización de ese sentimiento tan reconfortante como potencialmente peligroso. En su justa medida, parece lógico. Los productores ofrecen a los espectadores lo que anhelan, ni más ni menos. Y en tiempos de una oferta televisiva infinita, plagada de miniseries que se olvidan antes incluso de haberlas terminado y alguna que otra producción de altísimo nivel, el público consume con voracidad las sitcoms españolas que tanto éxito tuvieron en la década de los 2000. Ahí están los hechos. Cualquiera puede comprobar la altísima popularidad alcanzada por series como Aquí no hay quien viva o Los Serrano en sus respectivas plataformas de streaming, o las sorprendentes audiencias de las reposiciones de La que se avecina en televisión. Sin entrar a valorar la calidad de dichas series, la realidad es que nos trasladan a una época cercana que ya no existe.

A este selecto grupo de series de la época dorada de la televisión pertenece, como miembro de pleno derecho, Aída, spin off de Siete Vidas. Aída, para quien no la recuerde, era una comedia que narraba las vivencias de un humilde barrio del sur de Madrid. La razón de su éxito radicaba en el tono negrísimo de su humor y en el lenguaje tan vulgar que empleaban sus personajes. La serie estuvo en antena durante casi diez años, compitiendo con productos televisivos de muchísimo éxito, y relanzó la carrera de dos grandes actores como Carmen Machi y Paco León, que construyeron dos de los personajes más icónicos de la ficción española. 

Más de diez años después de su último capítulo y demandada por su fiel audiencia, vuelve Aída, esta vez en formato cinematográfico. La película está escrita y dirigida por Paco Léon, al que se le nota claramente la experiencia acumulada estos años detrás de la cámara. Aída y vuelta es una película agradable y entretenida, con un punto irreverente pero que además, está dirigida con pulso y mucho ritmo. El actor y director sevillano imprime rapidez y frescura a la historia y ofrece algún que otro plano muy interesante, como el cenital con el que sobrevuela los entresijos del rodaje. 

La película utiliza los últimos días de grabación de la serie para fundir persona y personaje en una única realidad y hablarnos de lo que solo puede verse en los camerinos: de lo agotadora que puede llegar a ser la fama, de las cacerías que se cometen en las redes sociales y de los inquietantes experimentos que amenazan a la industria cinematográfica. Y lo hace con gracia. Consigue que el espectador pueda identificarse con el sufrimiento de Miren Ibarguren y Carmen Machi, sobre las que recae el mayor peso de la trama.  Como sucede en toda película coral, hay subtramas de menor interés -como la de Eduardo Casanova- que lastran el ritmo de aquellas que sí lo tienen. Y aún con todo, es una película que hará las delicias de los fans acérrimos de la serie y de los que quizá no lo eran tanto.

Y es que Aída y vuelta parte de una premisa ciertamente interesante. Paco León se pregunta qué habría pasado si Aída hubiera seguido emitiéndose en 2018, año en el que cabe situar el estallido del MeToo y el inicio de la ola de corrección política y lingüística que hoy sigue tan vigente. Es interesante porque resulta inverosímil que, ocho años después, el humor negrísimo de Aída pudiera sortear la censura política y mediática que sufre cualquier obra artística destinada al consumo de masas. Conviene recordar que en Aída había personajes rojos, fachas, homosexuales, inmigrantes, exyonquis o prostitutas, a los que se insultaba de forma cruel e indiscriminada sin hacer distinción de ningún tipo. 

Resulta inverosímil porque esos sujetos comúnmente conocidos como ofendiditos, seres borreguiles necesitados de atención, jamás habrían permitido que un producto tan políticamente incorrecto fuese emitido en antena. Y lejos de ignorarlo —acusándolo de ser una serie de mal gusto y chabacana, como hacía otra mucha gente—, habrían luchado incansablemente por prohibirlo. Porque estos son los tiempos que vivimos. Los tiempos de la nostalgia.

Jaime Paricio

Aida Y Vuelta | Tráiler Oficial HD. En cines 30 de enero

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