Sin piedad

Crítica

Público recomendado: +16

Es tiempo de IA, es innegable. La inmensa mayoría la usamos para muchas cosas y desde luego ayuda, pero… ¿y si pasase de ser solo un respaldo a ser la máxima responsable de la justicia? Una justicia automatizada, sin jueces, fiscales ni abogados de carne y hueso. Lo hemos visto en alguna que otra película pero esta apuesta del desconocido Timur Bekmambetov va más allá: el acusado debe demostrar su inocencia en un tiempo límite muy reducido y, además, el metraje va en tiempo real. Desde luego interés no le falta.

En un futuro próximo, un detective (Chris Pratt) es juzgado acusado de asesinar a su esposa. Tiene 90 minutos para demostrar su inocencia ante la Jueza de la I.A. avanzada (Rebecca Ferguson), a la que él mismo defendió en su día, antes de que esta decida su destino.

Y sí, cuando dicen “futuro próximo” es realmente próximo ya que hablamos solo de tres años vista: 2029. Y viendo lo que avanza la IA la verdad es que lo que vemos en pantalla, a día de hoy, no se aleja mucho de lo que podría ser. Como decimos, Timur Bekmambetov en la silla del director y Marco van Belle como guionista tejen un relato realmente interesante que bebe mucho de Minority Report (Steven Spielberg, 2002) pero que tiene personalidad propia y que da la vuelta a lo que es hoy por hoy la justicia (aunque a algunos que se autocalifican de ‘progresistas’ les moleste): de presunto inocente hasta que se demuestre lo contrario (lo que debe ser) a presunto culpable y ya condenado hasta que él sea capaz de demostrar lo contrario (lo que no deber ser pero algunos buscan).

Bekmambetov imprime a la cinta un ritmo endiablado, aquí no hay tiempo para marear la perdiz, apenas la presentación del vulnerable protagonista (fantástico Chris Pratt) y ya estamos metidos en harina: 90 minutos en tiempo real (cuánto daño ha hecho, para bien, la mítica y maravillosa serie 24, la cual por cierto puede que regrese) para demostrar a una jueza IA con rostro humano (también estupenda Rebecca Ferguson dando esos pequeños matices de humanidad) que lo que está pasando en un error. El resto de personajes son meras comparsas pero poco importa, aquí se viene a sufrir con el protagonista y su inclemente cuenta atrás.

No hay mucho tiempo para profundas reflexiones, no va de eso la cosa, pero aun así hay pequeñas pinceladas de temas interesantes como la asunción, porque es así, de lo que ya decía el Dr. House de Hugh Laurie, “todo el mundo miente”. Eso se suma a la puesta en valor de la profesionalidad de los agentes de la ley y el orden gracias a muchos casos investigados en los muchos años de servicio, eso que se puede llamar “intuición” y que es extremadamente útil cuando el tiempo corre en tu contra. Se suma el peligro de depender por completo de la IA, pero al menos es una IA que aprende y que, a pesar de sus limitaciones, es capaz de mostrar empatía o incluso echar una mano en situaciones límite. Se habla también, aunque muy por encima, de lo mismo que decía Christopher Nolan en la magna trilogía de El Caballero Oscuro: estamos aquí para cometer errores y aprender. O lo que es lo mismo, ese fabuloso diálogo de Batman Begins: “¿Para qué nos caemos? Para aprender a levantarnos”.

Todo en un envoltorio de lujo, con logrados efectos especiales y un tramo final adrenalínico lleno de acción bastante bien rodada. También ha sido un detallazo de la distribuidora traducir los textos más importantes, que son muchos, al español, muy en la línea de lo que pudimos ver en su momento con Searching (Aneesh Chaganty, 2018) o Missing (Nicholas D. Johnson y Will Merrick, 2023). La pena, como siempre en estos tiempos recientes, es que el doblaje incluya una feísima blasfemia.

Así que nos queda una película más que intensa con dos actores muy metidos en sus papeles que reflexiona acertadamente sobre el peligro y las bondades de una IA cada vez más avanzada pero también imperfecta. Se habría agradecido un poco más de profundidad en las reflexiones, pero para 101 minutos no está nada mal lo que ofrece. Para ver en pantalla grande, sin duda, y luego quién sabe si tener un buen cinefórum.

Miguel Soria

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