Crítica
Público recomendado: +13
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Interesante película con un poderoso mensaje: incluso cuando fingimos vivir, existe en nosotros el deseo de que las cosas sean de verdad. La película está ambientada en Tokio, donde la cultura japonesa domina lo social y cultural. El protagonista es Brendan Fraser (La Ballena, 2022; La momia, 1999) que interpreta con acierto a un actor americano venido a menos que mendiga cualquier trabajo para salir adelante. De repente, una extraña empresa le propone algo inesperado: convertirse en el ser querido de una persona real, como si de esa forma pudiera afrontar su pérdida o trauma. Al principio le choca, pero accede. En Japón existen realmente, son empresas de alquiler de personas, en dónde los actores interpretan ser: un padre fallecido, un amante o un hijo perdido. Además, presenta una simbología muy potente para el mundo individualista y solitario que vivimos hoy. Vamos por partes.
Como dice el filósofo, ante el destino y sentido último de la vida, la persona cree que puede vivir la vida de cualquier manera. Sin embargo, solo cuando es serio con su experiencia, es decir, cuando es serio y riguroso con sus pensamientos y emociones, entonces, se descubre anhelando algo verdadero. En este sentido, la película nos muestra cómo Brendan Fraser comienza a ser actor (en esta empresa) sin pensar muy bien lo que está haciendo. Pero llega un momento donde brota dentro de él una responsabilidad: está tratando con personas reales, con sentimientos reales. Esto se intensifica cuando le encargan ser el padre de una niña llamada Mía. Será con ella con la que irá descubriendo para qué está hecho. Lo interesante no es tanto la responsabilidad que nace del vínculo, sino que, incluso estando aletargados o dormidos existencialmente hablando, puede aflorar un vínculo hermoso y sencillo, como si nunca fuera tarde para descubrir quiénes somos. EL conflicto o la tensión real de esta historia, es el mismo que tiene todo ser humano: el uso de su libertad cuando nota que algo es verdadero. Es como cuando alguien tiene un grupo de amigos por inercia (por costumbre), pero descubre que otro grupo de amigos le llena más: ¿seguirá siendo el mismo de antes o comenzará la aventura nueva que la realidad le pone delante?
Por eso, está película no trata sobre si la figura de la familia tradicional es o no válida, sino que trata sobre cómo es la naturaleza humana. Más que verla como una amenaza pienso que es interesante mirarla como una oportunidad para detectar cómo está hecho el corazón humano. Es algo que vemos también en la filmografía de Scorsese, en películas como El lobo de Wall Street (2013) o en la imprescindible película inglesa La zona de interés (2023): un personaje puede echar sobre la verdad de sí mismo toneladas de ideología o ambición personal, siempre queda un resquicio dentro del ser humano que anhela la verdad. Como vemos en el personaje de DiCaprio o en las arcadas del protagonista de La zona de Interés, como si algo dentro de él supiera lo terrible que fue el campo de concentración de Auschwitz.
Por otro lado, Rental Family (Familia de Alquiler), 2025, muestra cómo en la cultura japonesa también existen los temas propios de nuestra época: el tema de la identidad sexual y de género (no reconocida en Japón), la doble moral de ciertas instituciones educativas (que miran mejor aquellos hijos que provienen de un tipo de familia concreto) o el papel de los ancianos y sus últimos deseos de vida. Aunque la película no lo pretende se abre también una reflexión sobre cómo mirar al otro; como si fuese una crítica al puritanismo (no lo perfecto es lo único valioso) y al moralismo (no hago el bien porque si, sino porque una relación que me invita a ello). Como diría un teólogo optimista, no hay que tenerle miedo ni al nihilismo ni al ateísmo, basta con creer en cómo estamos hechos. Como le ocurre al protagonista de la película que nos ocupa, que, poco a poco, va descubriendo qué le ayuda a ser él mismo y qué no.
En definitiva, una película con un ritmo pausado pero cuyas tramas mantienen muy bien la tensión del espectador. Una buena oportunidad para mirar cómo son nuestros hermanos japoneses y reconocernos en ellos. Incluso hay una cierta trascendencia en la película, como si lo divino (venga de donde venga) fuese el camino a seguir cuando uno quiere ser serio con su vida. Si gustan de una película original que les haga emocionarse y pensar, no se la pierdan.
Carlos Aguilera Albesa
https://www.youtube.com/watch?v=G0j6idKhxHc