Baltimore

Crítica

Público recomendado: +16

La nueva película de la dupla Joe Lawlor y Christine Molloy tiene una virtud asombrosa para llevarte al plano de la reflexión una vez has terminado el visionado. En estos tiempos de tendente intrascendencia, se agradecen cintas como Baltimore, piezas que te sacuden sin efectismo ni grandilocuencias, que traspasan la barrera de los hechos reales para adaptarse al corazón humano, que siempre nos juega malas pasadas. Con gran precisión y atención al detalle, se retrata el mayor robo de arte de la historia de Irlanda, perpetrado en los 70 por una mujer que cambió su herencia acomodada por la insurrección a través del IRA. Esta obra es una muestra más de que, sin ser memorable, se pueden conjugar elementos épicos sin caer en manipulaciones emocionales, aprovechando los claroscuros de una psicología interesante como la de la protagonista.

Nos situamos frente a Rose Dugdale, aristócrata inglesa educada en Oxford, que rompe con su entorno privilegiado para abrazar la causa del IRA y liderar un audaz golpe contra uno de los símbolos del poder: el arte. La película nos ubica en una de las Irlandas más convulsas, aunque el filme no se regodea en la acción como el clásico thriller europeo, sino que rompe con el convencional suspense para profundizar más en los porqués.

Baltimore destaca enormemente por su estética elegante y contenida, gracias en parte a una fotografía que se debate entre la luz y la sombra para transmitir alegóricamente la razón de ser del arte de la pintura. La puesta en escena es fría y calculada, teniendo la virtud de dotar a los personajes, sobre todo al principal, de matices para empatizar. Por ejemplo, las miradas, los silencios y los minúsculos gestos ejercitados por una magnética Imogen Poots. El guion vive con el riesgo de fragmentar la historia, perdiéndose por momentos en los saltos temporales y las secuencias oníricas que recrean la mente de Dugdale. Aquí es fundamental coger de la mano a la actriz, ya que sostiene la película con una interpretación sensacional, fuera de todo cliché sobre héroe o villano.

Creo que hay cierto interés en observar cómo la cinta cuestiona con incomodidad el sentido último de la rebelión, así como el coste de la justicia humana y si el fin supuestamente acertado justifica unos medios violentos. No es difícil deducir que Baltimore no excusa los actos terroristas; si bien es cierto, invita al espectador a mirar fijamente la ambigüedad moral de esas figuras que claman al cielo mientras cruzan líneas sin retorno. Aquí cobra mucho peso el metafórico ejercicio de estilo alrededor del arte, como símbolo de belleza, trascendencia y unión. Lo acertado del filme es su honestidad: no intenta engañar con trampas, pone las cartas al descubierto sobre la mesa. ¿Lo mejor? Que reta al público a reflexionar sobre las certezas y los prejuicios, sin respuestas fáciles ni redención edulcorada.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=gRMKpLO4l-g&ab_channel=Vercine

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad