Crítica
Público recomendado: +18

Llega a nuestras pantallas Blindado, el remake norteamericano de la película argentina 4×4 (Mariano Cohn, 2019). Un juego cinematográfico con un planteamiento interesante y que se presta al comentario social, pero que no acaba aprovechando todas sus posibilidades.
Eddie es un buscavidas que se cuela en un coche blindado con la esperanza de robar algo que pueda vender, pero pronto entenderá que ha cometido un grave error: el dueño del coche, que le monitoriza y habla con él de forma remota, lo encierra en el vehículo, comenzando un macabro juego de tortura física y mental.
El director David Yarovesky llamó la atención hace unos años con su película El hijo (2019), una especie de giro terrorífico al origen de Superman. En su nueva película se sigue moviendo por el género del terror, en esta ocasión más psicológico y terrenal.
El planteamiento de un personaje confinado en un espacio limitado durante casi toda una película ya lo hemos visto antes, en obras como Buried (Enterrado) (Rodrigo Cortés, 2010). Aunque quizás la referencia más clara sería Última llamada (Joel Schumacher, 2002): en ella, Colin Farrell no podía moverse de una cabina telefónica, amenazado por un Kiefer Sutherland que le hablaba por el auricular. Y precisamente la película de Schumacher es una buena muestra de lo que Blindado podría haber sido, y no llega a conseguir: un thriller intenso y efectivo.
En esta ocasión, la voz del antagonista corresponde al gran Anthony Hopkins, que da la réplica a un Bill Skarsgård muy convincente, y con quien el público puede empatizar a pesar de sus trapicheos. Pero el guion no es tan sólido como sus actores, y en la primera mitad la situación se estanca bastante. Es en la segunda mitad, con el coche en movimiento, cuando la película levanta un poco el vuelo, aunque no llegue a aprovechar las posibilidades de la idea.
Al mismo tiempo, Blindado pretende ofrecer una cierta profundidad, planteando cuestiones como la naturaleza de la justicia: el personaje de Anthony Hopkins acaba resultando una desmitificación de los justicieros que inundan las pantallas de cine, siendo comparado en distintos diálogos a Harry el sucio o Batman.
También pretende plantear cuestiones de calado social, como la distribución de la riqueza. Pero lo hace a base de brochazos de guion, que dejan las intenciones en algo superficial.
A pesar de todo, es una película con una factura correcta, que se las arregla para mantener al espectador interesado y entretenido, e incluso logra algunos momentos de buen suspense.
Federico Alba