Crítica
Público recomendado: +12

Toca regresar a la mirada libre y personalísima de Marc Recha, con su Centaures de la nit, una obra que, terminada, uno siente que es tan necesaria como difícil de parametrizar. El director de L’Hospitalet ha escogido el formidable Monasterio de Poblet para sumergirnos en el viaje divertido, reflexivo y, a su modo, trascendental de un grupo de invidentes. Lluís Soler y Montse Germán se unen a esta experiencia inclasificable.
La extraña película nos sitúa ante un fotógrafo ciego, inspirado en la vida del esloveno Evgen Bavčar (con toques de Buñuel), que, huyendo de su pasado, viaja con un grupo de amigos invidentes al Monasterio de Poblet. Entre los contrastes de luz y oscuridad, aparecerá ante él la mujer que siempre le quiso. Pero el público habrá de descubrir mucho más de lo que se ve a simple vista. Centaures de la nit en su fotografía, realizada a propósito en blanco y negro con el objetivo de trasladar al espectador la verdadera importancia del monasterio, tanta como la de ser un protagonista más en la rocambolesca historia escrita por Recha y Lamari. El misterio y la profunda belleza gótica del entorno convierten al filme en algo especial, mientras que la música acompaña la mágica odisea de los personajes.
Sin embargo, es clave señalar que el director catalán no se encorseta en las convenciones; prefiere seguir su propia visión acerca del sonido, la poesía y lo que raya en lo espiritual. Por eso, la música se mezcla con la autodescripción de las salas del monasterio y, como observador, has de ir participando del poder retórico de las personas ciegas pululando sin sentido aparente por los claroscuros espaciales. Todo esto contribuye a la sutileza de un guion que sugiere más que explica, porque te mete en ese universo que no se puede ver, pero sí intuir y, finalmente, sentir.
Tan claro lo tiene Recha con la distracción, que aplica toda una serie de fuerzas imparables con el tono burlesco de Buñuel en un entorno del todo ascético que evoca a Pasolini. Absolutamente todo juega a esto: se prioriza llevarte a un ambiente fuera de lógica, pero profundamente sensorial, entre lo visible y lo invisible, lo que se toca y lo etéreo. En esta sintonía de placeres cinematográficos es fundamental contemplar a los actores ciegos, un derroche de autenticidad y un corazón humano que sale del pecho.
Centaures de la nit no parece preconcebir dimensiones de fe, pero sí pueden interpretarse acercamientos que trascienden la misma cinta. Observemos a los personajes invidentes que anhelan una luz material que alegoriza claramente la paz interior y, de este modo, nos interpela a mirar más allá de las apariencias y tocar el corazón. Evidentemente, esta lectura nos lleva al Monasterio de Poblet como lugar que conecta lo terrenal con lo trascendental, una metáfora en sí misma que acaricia el alma humana de quienes lo visitan. ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Solo puede descubrirse entre los detalles, los silencios y los signos de la propia historia.
Gabriel Sales
https://www.youtube.com/watch?v=M3HVmFi5Eso&ab_channel=acontrafilms