Crítica
Público recomendado: +12
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El cine contemporáneo cuenta con notables películas que han abordado con seriedad y profundidad el problema de la (in)migración desde múltiples perspectivas. Desde los países de origen: Io capitano, de Matteo Garrone (2023); desde un país eminentemente receptor a partir del punto de vista del inmigrante: La historia de Souleymani, de Boris Lojkine (2024); desde un país que tradicionalmente ha sido emigratorio pero cuya tendencia ha empezado a cambiar: R.M.N, de Cristian Mungiu (2022)… Conoce a los bárbaros, séptimo largometraje de Julie Delpy, presenta el grave asunto desde la comedia.
Un pueblo de la Bretaña francesa vota en 2022 acoger a refugiados ucranianos en el marco de la invasión rusa, pero en el proceso burocrático les acaban informando de que finalmente los refugiados que acogerán no serán ucranianos sino sirios.
El humor puede, en este contexto, servir a dos objetivos fundamentales: tratar con distancia irónica un asunto que es tan grave que puede resultar insoportable (esto es lo que hace, con mucho talento, Luis Estrada cuando trata la situación del narcotráfico y la corrupción en México), o denunciar determinadas actitudes que se consideran inmorales de un modo que no resulte paternalista, puede ser una manera de estigmatizar o cancelar un comportamiento determinado (muchas veces –típico de la “cancel culture”- un ser humano) sin que la crítica se te vuelva en contra.
El problema con la película de Delpy es que no consigue ser efectiva con respecto a ninguno de los dos objetivos por dos razones fundamentales: primero, porque la película carece de toda gracia; y no es que no consiga producir risa, es que no la considero capaz de iniciar lo que podría ser el amago de una pequeña sonrisa en cualquier ser humano que no padezca algún tipo de distonía muscular y, segundo, porque no deja de ser una sucesión de clichés enmarcados en un guion vacuo y predecible narrado con un ritmo tan banal que acaba pareciendo plúmbeo. Lo único que parece capaz de generar en el espectador es un sentimiento de nostalgia producido por la comparación entre la Julie Delpy de la pantalla (Joëlle) y los recuerdos de la belleza de la misma actriz cuando empezó su carrera de la mano de directores como Jean-Luc Godard o Leos Carax.
Es muy triste que una de las pocas cosas que pueda salvar de la película son las imágenes de los cuadros que aparecen en pantalla en la presentación de cada uno de los “actos” de la historia.
Alejandro Matesanz