Crítica
Público recomendado: +14
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Todavía recuerdo con cariño cuando me contaron la legendaria historia de San Jorge y el dragón en una visita con mis padres y abuelos a Cáceres, pues allí visitamos a unas hermanas de mi abuelo. El caso es que, en estas fechas, se estrena San Jorge, una producción brasileña dirigida y protagonizada por Alexandre Machafer, director de la serie Brasil Imperial, que puede entenderse como una hagiografía del santo porque no se tienen muchos datos de esta figura histórica.
El realizador presenta una buena fotografía y aprovecha escenarios naturales y fortalezas reales sin recurrir al cartón piedra, pues se aprovechan monumentos y paisajes tanto de Brasil como de Turquía. Las escenas de acción, con pocos medios, están rodadas de modo convincente, así como las escenas íntimas entre el oficial romano y su madre o momentos de encuentro con el Señor, aunque ese buen ritmo se rompe con las escenas relacionadas con el emperador y sus asesores, que me parecen demasiado teatrales y oscuras frente al resto de las escenas que tienen una luz que transmite optimismo.
La historia, que ha ganado premios en el Vaticano (según comenta la distribuidora del largometraje), gira en torno a la figura de Jorge de Capadocia, un militar romano y cristiano practicante, que tiene que buscar la forma de cumplir con su deber sin acabar con la vida de sus hermanos en la fe, incluida su madre, en la terrible persecución del emperador Diocleciano a los cristianos.
Esta producción invita a la reflexión sobre esas personas que dan la vida por Cristo, esos héroes a los que llamamos mártires que se resisten a abandonar su fe a pesar de las torturas. Está muy bien traída la metáfora, en la que vemos a San Jorge luchando contra un dragón, en relación a la batalla espiritual que todos tenemos con los males del mundo y el pecado. Por último, nos quedamos con una oración a San Jorge que puede interpretarse de dos modos; uno, en el sentido de la lucha de nuestra alma contra el mal, y, por otra parte, el modo de afrontar la vida, sobre todo en el caso de los militares cuando se están jugando literalmente la vida en combate…
San Jorge guerrero valeroso,
que defendiste a la princesa de la Capadocia,
al abatir con tu lanza al feroz dragón,
te solicito humildemente
que vengas en mi auxilio
y me protejas de las acechanzas del demonio,
los peligros, las dificultades, las aflicciones.
Cobíjame bajo tu manto, poderoso santo,
escóndeme de mis enemigos,
de mis perseguidores, de las envidias,
magias, hechizos y maleficios.
Protegido con tu manto,
caminare a través de los mares y la tierra,
noche y día, mes a mes, año tras año,
y mis enemigos no me verán no me oirán, no me seguirán.
Bajo tu protección no caeré,
no me perderé, no sangraré.
Igual que Nuestro Dios; Salvador
estuvo nueve meses protegido
en el vientre de la Virgen María,
así yo estaré protegido bajo tu manto,
teniéndote delante de mí,
armado con tu lanza y tú escudo.
Víctor Alvarado