Corrientes

Crítica

Público recomendado: +16

Lina es una exitosa diseñadora y estilista de moda argentina de 34 años que, en la cima de su carrera, viaja a Ginebra para recibir un premio. Allí, empujada por un impulso que ni ella misma logra explicar, se arroja a las aguas del río que atraviesa la ciudad. La corriente la devuelve con vida, pero algo en su interior ha quedado alterado para siempre. De regreso en Buenos Aires, junto a su pareja y su hija pequeña, Lina no cuenta lo sucedido a nadie. Intenta retomar su rutina familiar y profesional como si nada hubiera pasado, aunque su comportamiento cambia por completo: se muestra distante, ausente, atravesada por un silencio que empieza a desenterrar un pasado que creía superado.

Con Las Corrientes, Milagros Mumenthaler, firma su tercer largometraje después de Abrir puertas y ventanas (2011), con el que debutó llevándose el premio a Mejor Película en el Festival de Locarno, y La idea de un lago (2016). La cineasta vuelve a interesarse por el agua como símbolo, esta vez para narrar el naufragio íntimo de una mujer que, desde fuera, parece tenerlo todo resuelto. La película es una coproducción entre Argentina y Suiza, a cargo de Ruda Cine y Alina Film, con fotografía de Gabriel Sandru, responsable de una puesta en escena.

La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto en septiembre de 2025 y compitió después en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, donde se llevó el Premio RTVE – Otra Mirada. También pasó por los festivales de Nueva York y Chicago, cosechando elogios de la crítica internacional. Isabel Aimé González Sola encabeza el reparto en la piel de Lina, en un trabajo interpretativo contenido y físico a la vez, acompañada por Esteban Bigliardi en el papel de su pareja, junto a Jazmín Carballo y Claudia Sánchez.

Más que un relato sobre un intento de autolesión, Las corrientes es un retrato sobre las apariencias, el silencio y aquello que decidimos no contar ni siquiera a quienes más queremos. Mumenthaler filma con una sensibilidad casi táctil el modo en que una crisis interior puede convivir, puertas afuera, con una vida aparentemente perfecta, construida a base de éxito profesional y estabilidad familiar. No busca diagnosticar a su protagonista, sino acompañarla en su desconcierto. Esa misma ambigüedad, que puede resultar exigente para el espectador acostumbrado a relatos más convencionales, es también su mayor virtud, porque invita a preguntarse cuánto puede sostenerse una persona sin pedir ayuda, y qué precio pagan quienes la rodean cuando el dolor se guarda puertas adentro.

La cinta recuerda la importancia de no dejar a nadie solo con su propio sufrimiento, y de construir vínculos familiares donde la vulnerabilidad pueda nombrarse sin miedo ni vergüenza. La escucha, la cercanía y la paciencia con quien atraviesa una crisis de salud mental son, también, formas concretas de caridad y de cuidado del prójimo. Una historia íntima, con misterio y mucha carga emocional.

Rocío Jacoboski

https://www.youtube.com/watch?v=IkgTBeVqWeY

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