El día de la revelación

Crítica

Público recomendado: +12

Llega uno de los estrenos más esperados del año: El día de la revelación supone el regreso de Steven Spielberg al género de la ciencia-ficción, en el que se forjó con clásicos como Encuentros en la tercera fase (1977) y E.T. el extraterrestre (1982). Esta nueva película, al igual que aquellas dos, parte de una historia original del propio Spielberg, algo no muy habitual en su cine. De hecho, podemos considerar que completa una trilogía con ellas, devolviéndonos al director capaz de combinar espectáculo de la máxima calidad con historias de gran alcance humano, y el atractivo universal con la sensibilidad personal de un autor.

La historia de El día de la revelación se centra en dos personajes: Daniel Kellner es un informático que trabaja para una oscura organización que oculta a la humanidad los contactos directos con seres extraterrestres y su tecnología. Kellner huye con una recopilación de pruebas que pretende dar a conocer a la opinión pública. Por otro lado, la presentadora de televisión Margaret Fairchild recibe una serie de dones y comienza a actuar de forma extraña, asumiendo la misión de buscar y salvar a Kellner.

Steven Spielberg cuenta que le ha interesado la idea de la vida extraterrestre desde que, de pequeño, su padre le despertó de noche para ver una lluvia de estrellas. Fue también su padre quien le transmitió el optimismo sobre esos posibles visitantes: si eran capaces de viajar distancias tan enormes, no sería para destruirnos, sino con intenciones pacíficas. Esta visión se ha plasmado siempre en sus acercamientos cinematográficos al tema, con la excepción de su adaptación de La guerra de los mundos (2005), que Spielberg interpreta como una representación del trauma terrorista del 11 de septiembre de 2001.

En Encuentros en la tercera fase y E.T. el extraterrestre los alienígenas son seres prodigiosos que establecen contacto con la humanidad a través de unos cuantos elegidos: niños o adultos que conservan la mirada infantil. Ambas películas están trufadas de explícitas referencias religiosas. De hecho, hay autores que consideran Encuentros como una especie de versión sci-fi del Antiguo Testamento (la divinidad que se manifiesta a la humanidad, culminando con el encuentro en una montaña), y E.T. como alegoría del Nuevo Testamento (ser celestial que vive entre nosotros, realiza prodigios, extiende un mensaje de amor, muere, resucita y vuelve a ascender a los cielos). Volviendo a esas coordenadas, El día de la revelación vendría a ser el Apocalipsis (Libro de la Revelación) de esta trilogía. Una segunda venida en medio de las grandes tribulaciones de un mundo que parece estar llegando a su límite. El guionista, David Koepp, de formación católica, reconoce en entrevistas de promoción que lo religioso es un aspecto fundamental de la historia.

Nuevamente, los humanos elegidos como contacto, Daniel y Margaret, son reclutados de niños. Pero de adultos conservan su mirada infantil (no es casual que el apellido de Margaret sea Fairchild, “el bello niño”), el pasaporte a Nunca Jamás que les permite ver y oír lo que otros no pueden. Como contraste, la novia de Daniel, Jane. Una ex novicia que ha perdido su vocación y la fe. El villano de la historia, Noah, es capaz de penetrar en su psique y, literalmente, usurpar su visión. Algo que le es imposible hacer con Margaret y Daniel. Jane y Noah, al contrario que Margaret y Daniel, han perdido también su fe en la humanidad, y creen que revelar la verdad creará un caos mundial.

Encontramos otras alegorías religiosas. Desde los doce “discípulos” que pretenden dar a conocer la verdad al mundo, hasta el momento en que un pájaro rojo (de “fuego”) entra por la ventana, acompañado de un aliento de aire, y concede a un personaje el don de lenguas. 

En un terreno menos simbólico, la película plantea una pregunta esencial: ¿Qué supondría la revelación de la vida extraterrestre para el ser humano? ¿Se produciría una crisis de fe y una pérdida de sentido? La respuesta de Spielberg va en línea con su visión optimista del tema, y del ser humano en general. Su película resulta muy relevante en el momento que vive la humanidad: la combinación de una situación geopolítica de máxima tensión, el incipiente repunte de la religiosidad y los recientes informes desclasificados sobre fenómenos OVNI parecen nutrir el ADN narrativo de El día de la revelación.  

La película también conserva elementos muy personales para Spielberg. Tal como se nos cuenta en su reciente autobiografía Los Fableman (2022), el director recibió de su padre (informático) el interés por la ciencia y el saber, y de su madre (pianista) la sensibilidad artística y la empatía. Justo los dones que reciben Daniel (la visión matemática) y Margaret (la empatía universal, aspecto que la emparenta con E.T.) Ya vimos cómo en Encuentros el lenguaje que se usaba para comunicarse con los alienígenas, la música, unía matemáticas y sensibilidad artística.

Además de todo esto, Spielberg ofrece un vibrante thriller que atrapa al espectador desde el primer minuto, recuperando de su cine más recordado el llamado sense of wonder (sentido de la maravilla), con imágenes inolvidables, impactantes secuencias de acción, grandes interpretaciones y algunas de las señas de identidad visuales del director (la importancia de la luz y las sombras, los reflejos, o el espacio fuera de campo). Todo ello aderezado con una espléndida partitura de John Williams, que a sus 94 años vuelve a dar una lección magistral. Una de las películas mejor ejecutadas por Spielberg en los últimos años, a pesar de algún efecto digital mejorable. 

En definitiva, nos encontramos ante una gran película, un clásico instantáneo que ofrece un gran entretenimiento cinematográfico. Pero el que quiera ver más allá encontrará también un retrato de los difíciles tiempos que vivimos, y que reivindica la empatía, el conocimiento y la fe como valores fundamentales para salir adelante como especie.

Federico Alba.

https://www.youtube.com/watch?v=2uxGrHXcT1Q

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