Crítica
Público recomendado: (+14)
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Guillermo (Carlos Olalla) es un neurocirujano ya jubilado que ha dedicado su vida al trabajo, dejando toda la carga doméstica a su esposa María (Imma Sancho). Como esposo chapado a la antigua espera tener la cena lista, la ropa planchada y la vida resuelta sin mover un dedo. Pero toda su comodidad se viene abajo de la noche a la mañana con la repentina muerte de su mujer. Entonces, el brillante cirujano es incapaz de poner una lavadora o recoger la basura y se verá obligado a empezar a valerse por sí mismo gracias a la ayuda de cuatro mujeres: su hija Nuria (Olivia Molina), su vecina Ángela (Rosario Pardo), su amante (Natalia Dicenta) y una asistenta (Laura de la Uz).
Dirigida por Liteo Pedregal, director de cortometrajes como Imago (2004), La Hégira (2011) o Interferencias (2025), este proyecto supone su estreno en la dirección de largometrajes. El guion de la historia es del propio Liteo Pedregal junto a Roberto Alfaro.
El planteamiento contrasta, en tono de comedia, el egoísmo y comodidad del típico marido mal acostumbrado a que le sirvan en el ámbito familiar frente a la absoluta diligencia y entrega de la mujer. Él es egoísta en cada gesto y ella se muestra en todo momento abnegadamente servil.
Pero cuando la mujer desaparece, ni la compra viene sola a casa, ni las camas se hacen repentinamente, ni se planchan las camisas por arte de magia, ni hay un robot que cocina a petición del amo. Y cuando llega el desastre…, ¿qué hacer?
Comedia con situaciones ingeniosas, de apenas hora y media de duración, lo que imprime a la historia un ritmo demasiado rápido, que por una parte favorece la comedia y por otra quizás impide un satisfactorio desarrollo de los personajes. El viudo trata de rehacer su vida sentimental y sexual con demasiada precipitación, con la complicidad de una vecina con la que nunca se habló y que acaba siendo su asesora más íntima. Las situaciones y diálogos recurren con frecuencia a lo que parece que más importa al viudo: “que la maquinaria siga funcionando”. La subtrama del protagonista con su hija, que tiene momentos interesantes y entretenidos, crea una contundente transformación en ambos que quizás no termina de estar del todo justificada. A pesar de ello, cuenta con solventes interpretaciones de los actores principales, que crean situaciones divertidas, con una química que funciona bien con todo el elenco, especialmente entre Carlos Olalla y Rosario Pardo.
Se trata de una película amable y ligera, que cuenta con una premisa interesante, buena estética visual, algunas situaciones divertidas y un desenlace satisfactorio.
Javier Figuero Espadas