El instinto

Crítica

Público recomendado: +16

Muy notable ópera prima de Juan Albarracín. El instinto irrumpe con frescura en el género del thriller psicológico gracias a su dura y desasosegante propuesta, una obra que, en cualquier caso, sorprende como buena noticia para el cine patrio del que nos enorgullecemos. Enfilando lo temático con una bravura formal interesante, el recién estrenado cineasta escribe y dirige una pieza de enorme presión atmosférica con ecos metafísicos.

Un reparto de la talla de Fernando Cayo, Javier Pereira o Eva Llorach nos sitúa al frente de una historia sencilla pero reseñable: mientras un exitoso arquitecto diagnosticado de agorafobia permanece aislado en su casa de campo, su socia le presionará para superar sus miedos y volver al trabajo de manera presencial. Al no funcionar la terapia convencional, Abel se dejará en manos de un adiestrador de perros, quien le someterá a un método radical y completamente experimental.

Como no podía ser de otra forma, El instinto se nutre de una puesta en escena minimalista y asfixiante, encorsetando la acción en una única localización: un escenario rural que se convertirá en terreno de sudor, lágrimas y una intensa lucha entre el animal y el hombre. Es preciso apuntar que la cámara va en mano para medir el nervio de la situación y la expresión angustiada de Abel. La fotografía apoya en todo momento la experiencia de claustrofobia, aunque sea en el exterior. La música ayuda a potenciar la tensión de tan insufrible vivencia.

Podemos observar cómo el guion de Albarracín es académico y progresivo en el suspense, incrementando la penetración, física y psicológica, del protagonista en el método del adiestrador. Si nos fijamos bien, el vínculo entre ambos personajes se irá tiñendo de temor, oscuridad y ambigüedad. Ciertamente, la escritura peca en ocasiones de reiterativa, pero el conjunto gana por entero con la inmersión interpretativa de la dupla protagónica y una filmación que prioriza inteligentemente la incomodidad del asunto.

No es complicado ver cómo El instinto lanza un cuestionamiento sobre las diferencias entre hombre y animal. El cineasta susurra al espectador los peligros de animalizar a una persona, siendo aquí primordial el sentido de la deshumanización que tantas veces contemplamos en la actualidad. La cinta explora la contaminación acumulativa de ceder a otro, sea persona o sistema, la decisión sobre la propia vida. Además, podemos ver cómo se plantea la gradual infección de la dignidad.

¿Es El instinto una obra perfecta? No, pero sí un primer trabajo notable e interesantísimo. Estamos ante un thriller que vive de la cámara, crece con el paso de los minutos y te sumerge por completo en su paranoia. No reinventa nada, pero sí refresca lo ya visto tantas veces. La clave: apelar a la conciencia de quien lo está viendo.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=C_YOvLy9q_4&ab_channel=TrailersyEstrenos

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