Estocolmo 1520. El rey tirano

Crítica

Público recomendado: +18

Nueva incursión de Mikael Håfström en el género, esta vez con Estocolmo 1520. El rey tirano, una superproducción ambientada en el Baño de Sangre de Estocolmo de 1520. El director sueco huye de los parámetros convencionales del cine histórico nórdico y cambia la clásica sobriedad por un mix de drama, aventura y comedia negra. El resultado es una obra diferente pero irregular sobre el episodio que marcó el fin del poder católico en Suecia y el auge del tiránico.

Esto se traduce en que el rey danés Cristián II, “El Tirano”, está obsesionado con quitar la corona sueca, cueste lo que cueste. Mientras tanto, las hermanas Anne y Freja, que juraron vengar la deshonrosa muerte de su familia, viajan al corazón de Estocolmo, un escenario que por momentos se tiñe de sangre, venganza y política desalmada.

Tal y como señalamos antes, Estocolmo 1520. El rey tirano no sigue los patrones habituales: se diferencia por la irreverencia y una propuesta extrañamente parecida al cine de marcados cineastas como Tarantino o Ritchie. Por ello, nos encontramos con diálogos pretendidamente inteligentes, violencia visual explícita y un ritmo bastante acelerado para lo que es habitual en el género. La estética acompaña con grandes contrastes entre luz y sombra, o sangre y suciedad, frente a los blancos de la nieve. La música, eminentemente tensa.

Sobre el papel, todo es correcto, pero el desarrollo no siempre va acorde. La búsqueda de un tono tan especial para el histórico exige una minuciosidad quirúrgica y una mente pensante personalísima. La cinta que nos ocupa se pierde al intentar balancear la comedia negra con el drama de época; se extravía en su mezcla de géneros y no queda claro si pretende ser solemne o lanzarse por completo al descaro. Por esto mismo, no es extraño que, como espectador, te cueste interpretar los grados de violencia, sin saber si es gratuita o profunda, banal o significativa, narrativamente apropiada o puro show.

En cuestión de reparto, destaca el equilibrio de carisma y determinación de los personajes femeninos, encarnados por Sophie Cookson y Alba August. Sus protagonistas brillan con fuerza, en claro contraste con ese despiadado y a veces estereotipado Cristián II, bien retratado por Claes Bang.

Si hacemos una lectura más profunda, vemos cómo Estocolmo 1520. El rey tirano sí presenta con crudeza lo que fue el Baño de Sangre y sus consecuencias, pero, una vez más, se deja de explorar la dimensión moral del cambio de paradigma. De este modo, la Iglesia se encorseta de nuevo en una esfera política, viendo incluso a un cardenal vendido a la venganza, sin atisbos de misericordia.

Referente a la explicitud mostrada en la obra, quede claro que la violencia está excesivamente estilizada; se extiende en el metraje de manera intensa y sin tapujos, con ejecuciones y torturas que no escatiman en detalles. Esta crudeza puede resultar extremadamente impactante y poco justificada a nivel narrativo, incluso pudiendo restar peso al valor que aporta la relación entre las dos hermanas que desafían el sistema.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=NgPIFd_gwF4&ab_channel=Filmax

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