Público recomendado: Jóvenes
Creada en 2006 por el activista informático australiano Julian Assange, la discutida WikiLeaks se presenta a sí misma como una organización mediática internacional sin ánimo de lucro —formada por disidentes, periodistas, matemáticos, científicos y tecnólogos—, que publica a través de su web informes y documentos confidenciales sobre materias de interés público, supuestamente preservando el anonimato de sus fuentes.
Su objetivo principal es desvelar comportamientos ilegales e inmorales por parte de los gobiernos —sobre todo de los regímenes que consideran totalitarios—, así como de empresas e instituciones religiosas. Hasta ahora, sus actuaciones más destacadas se han centrado en la política internacional de Estados Unidos, especialmente en relación con las guerras de Irak y Afganistán. En la actualidad, su base de datos acumula cerca de un millón y medio de documentos.
“El quinto poder”, de Bill Condon (Dioses y monstruos, Kinsey, Dreamgirls, La saga Crepúsculo: Amanecer 1 y 2), describe la historia de WikiLeaks basándose en los libros Inside WikiLeaks: My Time with Julian Assange at the World’s Most Dangerous Website, de Daniel Domschit-Berg, y WikiLeaks: Inside Julian Assange’s War on Secrecy, de David Leigh y Luke Harding, ambos periodistas del diario británico “The Guardian”. La acción se centra sobre todo en las relaciones —primero de amistad y después de hostilidad— entre el visionario y caótico Julian Assange (Benedict Cumberbatch) —fundador, redactor-jefe y editor de WikiLeaks— y el pragmático y cerebral activista informático Daniel Domscheit-Berg (Daniel Brühl), que fue delegado en Alemania y portavoz oficial de WikiLeaks hasta su dimisión en septiembre de 2010. Ese progresivo distanciamiento se debió sobre todo a su divergente valoración de las posibles consecuencias nocivas que tendría la publicación sin editar de los polémicos “Diarios de la Guerra de Afganistán” —92.000 documentos secretos sobre el conflicto armado entre los años 2004 y 2009— y de los “Registros de la Guerra de Irak”, 391.831 documentos secretos y altamente sensibles, filtrados desde El Pentágono.
La primera mitad de la película resulta un tanto farragosa por la abundancia de incidentes y términos informáticos, que acabarán cansando al no iniciado. De todas formas, en ella el meritorio guion de Josh Singer (El ala oeste de la Casa Blanca) logra dibujar en ella las heterogéneas personalidades de la pareja protagonista y su común objetivo de conseguir, a través de las tecnologías de última generación, una real libertad de expresión a nivel mundial, sin manipulaciones de los gobiernos ni de los medios de comunicación convencionales. Después, la segunda mitad del filme adquiere una buena velocidad de crucero, con ritmo y tono de thriller, al estilo de filmes como Todos los hombres del presidente, The Paper (Detrás de la noticia) o La red social. En este sentido, esta parte entrelaza con vigor el duelo entre Assange y Domscheit-Berg con la persecución que sufren ambos por parte de la CIA y el servicio secreto ruso, al tiempo que se proponen inquietantes reflexiones en torno a la posibilidad de que ese idealista guardián de la legalidad en el mundo pueda convertirse en un opresivo Gran Hermano a lo George Orwell.
Quien sepa mucho del tema detectará las insuficiencias, exageraciones y parcialidades de la película, que ha sido duramente criticada por el propio Julian Assange en una carta dirigida al actor que interpreta a su personaje, Benedict Cumberbatch, escrita en enero de 2013, pero hecha pública recientemente. En concreto, el polémico informático australiano —refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde junio de 2012— la califica como una “gran siesta geriátrica que sólo puede gustar al gobierno estadounidense”, que “pretende engañar al público con múltiples inexactitudes” y que “enterrará a personas honestas que hacen un trabajo honesto, justo en un momento en que el peso del Estado está cayendo sobre ellos. Ahogará la verdad sobre los acontecimientos en un momento en que la verdad es esencial”. Sea como fuere, y a pesar de sus arritmias, frenesís y zonas confusas, El quinto poder es una película entretenida, dirigida con fluidez, interpretada con convicción —sobre todo por Benedict Cumberbatch y Daniel Brühl— y que obliga al espectador a plantearse graves cuestiones morales en torno a las actuaciones de los gobiernos, empresas y otras instituciones, y a la real búsqueda de la verdad por parte de los medios de comunicación de masas. Unos mass-media que están cambiando radicalmente, para bien y para mal, con la imparable y globalizada irrupción de las nuevas tecnologías informáticas.
Jerónimo José Martín
Ficha técnica:
The Fifth Estate
Director: Bill Condon. Intérpretes: Benedict Cumberbatch (Julian Assange), Daniel Brühl (Daniel Domscheit-Berg), Anthony Mackie (Sam Coulson), David Thewlis (Nick Davies), Alicia Vikander (Anke), Peter Capaldi (Alan Rusbridger), Carice Van Houten (Birgitta), Stanley Tucci (James Boswell), Laura Linney (Sarah Shaw), Dan Stevens (Ian Katz).
USA, 2013
Género: Thriller
Duración: 124 min.